Amanda
4, Marzo, 2008
- Voy a coger un frasquito de hierbas de mi librería. Lo cogeré para mirarlo… y para olvidarte.
Alguien, al otro lado del teléfono debía estar dándole una replica a Amanda, porque ella calló, mirando al infinito. Sus pequeñitas manos enredaban el cable del viejo aparato con giros concéntricos de su dedo índice.
- Ana, no me puedes hacer esto…
Pero Ana sí que podía, sin duda. Con un gesto de desdén, Amanda colgó el teléfono, y esperó a oír su timbre de nuevo. Apretando los puños se giró y entró corriendo en la librería.
No se molestó en encender la lámpara, ni en subir las persianas. La luz del pasillo le guió hasta el minibar, que a su vez le regaló su propia luz para iluminar el camino que su brazo recorrería hacia el licor de hierbas.
En el pasillo, el teléfono dejó de sonar. Amanda cogió el frasquito de hierbas, se sentó bruscamente en el suelo y en un ademán de novela trágica gritó:
- ¡Adiós! ¡Quién sabe si volveremos a vernos! Un miedo helado corre por mis venas y casi apaga en mí el aliento vital.
Lo destapó y comenzó a beber con pose teatral, incluidos el dorso de la mano izquierda en la frente y los ojos caídos.
Nadie aplaudía a su Julieta cuando terminó de beber el líquido del frasco. Tampoco cayó en un sueño envenenado tras el que despertar viendo el corazón de un Romeo atravesado por el puñal mortal.
- No lo entiendo - Dijo en voz alta.
El teléfono volvió a reclamar su atención y Amanda lo ignoró, suspirando y volviendo a la realidad.
Su vida era una continua decepción. No había nada emocionante, nada especial… continuamente intentaba llamar la atención de los demás, destacar en algo… y no lo conseguía.
Sin darse cuenta había vuelto al teléfono y lo había cogido.
- Pero tú sí, Ana.
Ana sí que podía.
- No lo entiendo, yo soy mejor que tú. Yo nací dos minutos y medio antes… ¡Yo debía estar allí!
- Amanda, ¿Qué son esos gritos?
Una mano le tocó el hombro y otra le quitó el teléfono con suavidad. Unos ojos verdes la miraron con ternura.
- Tienes que volver a la cama, Ana está ya durmiendo.
Amanda cogió de nuevo el teléfono.
- Ana, madre dice que ya duermes. Perdona que te gritase antes… no sé que me pasó. Da recuerdos a Papá y a Dios… y a la abuela. Procuraré dormir de un tirón. Mañana te llevaré flores.

5, Marzo, 2008 at 1:00 pm
Joooooooooo, que “yuyu”… que bueno!!!!
6, Marzo, 2008 at 12:00 am
Uffff me encanta cómo escribís!
Un besote amiga synn
6, Marzo, 2008 at 1:27 am
Toda la energía del relato contenida en ese frasquito de esencias que es el párrafo final. Al que por supuesto la única forma de llegar es por la existencia de todos los anteriores. Un relato que atrapa el tiempo,lo divide,lo suma lo multiplica,lo detiene.Recuerdos a Dios,genial Synn.
Un abrazo
9, Marzo, 2008 at 10:31 pm
q locura de cuento por favor!!!
está un poco loca, ¿no? pero me ha gustado… está muy bien!!
un besote de fresas!!
11, Marzo, 2008 at 1:02 pm
QUÉ TAL SYNN!
CREO QUE ME EQUIVOQUÉ DE POST..
PORQUE ESTABA ADMIRANDO TUS FOTOS..
POR AHÍ..ENCONTRÉ LA DE MARZO 1..
ESA DE LAS HOJAS AMRILLAS CAFESOSAS.¡ME ENCANTÓ1
NO LOGRÉ DAR CON TU SITIO DE FOTOS..UNO QUE FUI UNA VEZ
BUSCABA UNA FOTO DE UN AMANECER ..O UN OCASO PARA PONERLA DE FONDO DE ESCRITORIO.
SI NO TE RESULTA ABUSO DE CONFIANZA..ME REGALARÍAS UNA DE UN AMANECER?
TENGO POCAS.Y LAS VOY CAMBIANDO..
EN FIN..
PRECISAMENTE TE ESCRIBO DESDE EL AMANECER EN LA MONTAÑA
ABRAZOS AMIGA…
¿CÓMO SE VERÁN ESAS HOJAS AMARILLAS DE FONDO?
EN FIN..
ABRAZOS