No quería repetir.

4, Noviembre, 2008

Las cosas no van muy bien, aunque no directamente para mí, pero me entristece lo que ocurre a mi alrededor. Sé que la depresión es algo terrible, y no puedo imaginar qué pasa por su cabeza. No pensaba publicar ésto, quizá lo borre en un par de días, pero lo tenía dentro, y no quiero que siga ahí. Me gustaría ayudar, pero siento que no me escucha…

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No quería repetir, pero un hilo de sangre ya le caía por la comisura de los ojos. No podía seguir llorando.

- ¡Te odio, te odio, te odio! -respiró- ¡¡Te odio!!

No había torturador, pero sí víctima.

Aitana se acurrucó en su cama y se sumió en un gris verdoso duermevela lleno de turbulencias.

Despertó cuando en su sueño sus pies dejaron de pisar la banqueta de madera y su cuerpo quedó suspendido por la soga que le abrazaba ásperamente el cuello. Incorporándose bruscamente en la cama palpó el lugar dónde debía estar aquél sórdido collar. Intentó hablar, y de su garganta salió un gruñido.

Poco a poco empezó a tomar conciencia de su habitación.

Le dolía todo el cuerpo. Eso no era una novedad.

Hacía una hora que él había vuelto a golpear la puerta de la habitación. Esta vez él no había gritado, ni insultado, ni ordenado… le había pedido, quizá con un leve temblor en la voz, que saliese del cuarto.

- ¡Déjame! ¡¡No voy a salir nunca!!

Llevaba casi dos días sin salir de allí. Había llorado sobre la cama, sobre la alfombra, y entre las ropas que había sacado del armario y esparcido por todas partes.

Había bajado la persiana, por si a él se le ocurría subirse a una escalera y espiar su desesperación.

Volvió a tumbarse en la cama, sin ganas de nada.

- Aitana, sal, por favor… -dijo una voz desesperada.

- ¡¡Noooo!! ¡¡Es tu culpa!! 

- ¡Aitana! -él estaba muy asustado, y ella lo notaba aún sin verle- Todo está en tu cabeza, tienes que pasar página…

- ¡Te odio, te odio, te odio! -gruñó- ¡¡TE ODIO!!

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Con una frase de El Cuentacuentos.