D.e.p.
3, Diciembre, 2008
El cielo se puso amarillo poco antes de que cerrasen la cajita en la que la abuela dormía. Mientras el sacerdote hablaba, dos señores de negro y los primos Tobías y Angelo sacaban la caja de la casa.
Fue entonces cuando Dios se puso a llorar. En los veinte metros que hay desde la puerta de hierro verde al final del callejón, millones de diminutas lágrimas congeladas nos golpearon con fuerza, pero no dolían.
Dolía ver a mamá, que a penas podía caminar mientras papá la sujetaba por los hombros, y a la tía Claudia, con la cara hinchada y los ojos desorbitados.
El camino que recorrimos hasta la iglesia, fue sobre canicas blancas. Algunos vecinos nos acompañaron. Alguno suspiró, otro pareció querer llorar, igual que Dios lo estaba haciendo.
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En memoria de la madre de mi querida amiga Barbie, que murió entre sueños, después de una larga enfermedad, el Primero de Diciembre.
Cuando al fin cerraron el nicho, el sol salió radiante. Entonces nos dimos cuenta de que ya no estaba.
4, Diciembre, 2008 at 1:41 am
Un abrazo
4, Diciembre, 2008 at 12:09 pm
Vaya
transmitele mi pesar y un abrazote fuerte fuerte.
7, Diciembre, 2008 at 8:39 pm
Precioso homenaje.
Besos de una maia (para tu amiga también).
10, Marzo, 2009 at 4:50 am
Synn:
Me gusta la capacidad que tienes para que uno se adentre en tus historias aunque estas sean demasiado breves.
Utilizas muchos elementos que pueden ser muy simbolicos y representativos de alguna emocion o sentimiento.
La ultima parte de tu escrito me hizo pensar en que probablemente el sol salio y Dios dejo de llorar, porque efectivamente, aunque termines en una tumba, todo lo que tu eras en vida como persona, no se queda ahi.
Buen inicio de semana.