El viejo.
2, Marzo, 2009
- … no sentirás nada, de eso puedes estar seguro. La muerte es así… un segundo ajena, al siguiente propia… y con un poco de pericia, de nuevo ajena.
A su espalda, en el hogar de una inmensa chimenea, un caldero negro comenzó a producir extraños sonidos.
- No lo entiendo -Respondió Mario.- La parte en la que muero…
- ¡Pero no hay nada que entender! ¡Sólo confía!
El viejo druída apartó la vista de su interlocutor, y con un palo de madera comenzó a girar el líquido púrpura que ya burbujeaba en el caldero.
- Hay sólo dos soluciones a tu problema. -Continuó- La más sencilla es no hacer nada. El resultado ya lo sabes y no te convence, por eso estás aquí.
El druida hizo una larga pausa, en la que solo se escuchó la ebullición del líquido púrpura.
- La otra solución… es ponerte en mis manos, y no preguntar.
- Pero…
- Créeme, no sentirás nada.
- ¿Moriré?
- No morirás, tú vivirás.
- Pero todo eso que me ha contado sobre la muerte…
- La muerte existe, te salpicará, pero será la muerte de otro. Tú vivirás, para eso está él, por eso fue creado.
- ¿Él? ¿Quién?
- No preguntarás y no buscarás respuestas, porque si consigues saber más, la muerte ya no te será ajena y ocuparás su lugar.
- Es el muchacho del parque, ¿verdad? – respondió Mario – El de mis sueños…
- Escúchame bien: No lo es. Olvida ese sueño. Eres tú. No habrá nadie más.
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