La oscuridad

11, Abril, 2008

La oscuridad lo envolvió todo, y supo que cuando volviese la luz todo habría cambiado.

Marta permaneció sentada muy quieta, conteniendo la respiración, con las manos apoyadas en las rodillas y la vista fija en la oscuridad frente a ella.

- Tres, dos… ¡uno!

<<PUM>>

Un estallido de luz y sonido de la duración de un latido golpeó el ambiente, dejándole ver por un segundo las siluetas blanquecinas de miles de personas frente a ella. Alguien había gritado y varias voces le habían imitado.

 <<PUM>>

Otro. Una nube azulada, con olor a desodorante se materializó a su alrededor. Más gritos.

<<PUM>><<PUM>><<PUM>>

La oscuridad desapareció por completo, y una descarga de sonido continuo y estridente llegó desde los cuatro puntos del Auditorio Nacional. Marta y todos los demás siguieron mirando al frente, como hipnotizados por la cadenciosa melodía.

De pronto una figura negra en el escenario comenzó a tomar forma, al tiempo que la melodía disminuía su volumen.

- ¡¡Ciudadanos!!

Había hablado una voz aguda, que cortó el aire y se elevó por todo el recinto, entrando en cada cabeza como si fuese dirigida a cada uno de ellos en particular.

 - ¡¡Ha llegado el momento!! ¡¡YA ES LA HORA!!

Una ola de vítores rodeo a Marta en dirección a la voz. Todos se levantaron se sus asientos. José, a su lado, le tomó la mano. En ningún momento se miraron.

En el escenario, la oscura figura fue enfocada por un haz de luz rojiza mientras la melodía perfilaba un dramático estribillo. Era un hombrecillo gordo disfrazado de Superman. Extendió los brazos sobre su cabeza y miró al techo.

- Habéis sido elegidos por el Líder. ¡¡Presenciaréis el MILAGRO!! ¡¡HOY MORIREMOS POR EL ROCK!! ¡¡SEREMOS LIBRES!! ¡¡DOMINAREMOS EL UNIVERSO!!

En el preciso instante en el que el hombrecillo terminaba de hablar, otra nube de humo azul comenzó a descender desde los palcos; y mientras se giraba para conectar una máquina con una extraña pantalla cifrada, la música volvió a sonar.

Todos al rededor de Marta y a José comenzaron a bailar. Marta notó como su realidad se volvía pesada y ruidosa. Musitando una disculpa tras otra que nadie escuchó, trató de hacerse paso entre la multitud para salir de allí. Tardó cinco minutos en llegar a la salida de emergencia y comprobar que estaba bloqueada.

En el exterior del edificio, un hombrecillo gordo disfrazado de superman subía a un coche en marcha que le esperaba. Tenía la mano derecha en el pecho sujetando un corazón desbocado, y la izquierda en el trasero sujetando un pantalón escaso.

Casi sin respiración, y con la voz un poco menos aguda de lo que había sonado en el interior del auditorio, musitó una frase que no sentía.

- Dios les guarde.

De Sombra y Sueños.

11, Marzo, 2008

Soy el mendigo que sólo acepta sueños. En mis ojos encontrarás la furia de los deseos irrealizados de miles de generaciones de hombres. No tengo hogar, no tengo destino. Mi futuro es tu presente y voy a encontrarte.

Estoy sentado en una cafetería de suelos marmóreos, techos altos y mesas reducidas. En un principio traté de escribir una biografía, como tantos otros en idéntica situación a la mía lo han hecho antes, pero creo que es estúpido. De nada sirve recordar sus nombres, ni su vida porque no están aquí.

Yo no busco confesiones, ni relatos de Sangre y Oro. Mi vida es mucho más sencilla que todo eso. Vivo eternamente, pero no paseé por las ruinas de ningún imperio, ni participé en aquelarres de desenfreno y perdición.

Sigo las modas, me adapto a lo que me rodea y nadie me verá si yo no quiero que lo haga.

Sé que tú me has visto, aunque puede que no te dieses cuenta. Fue ayer, al anochecer. Cruzabas el parque con aire preocupado, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida. Tu soledad me cautivó, pero no pude acercarme por miedo a sucumbir a tu sensualidad.

Lo he pensado y sé que sin ti ya no puedo seguir. Te necesito. Lo único que me interesa ahora son tus sueños, sumergirme en ellos en un latido, y de ese modo vivir una realidad ficticia que enriquecerá mi alma y dotará a mi cuerpo de toda la vida que él solo no puede generar.

Voy a buscarte. Por unos segundos seremos uno. Luego vivirás por siempre en mí.

No desesperes, ya queda menos. Te encontraré.

Pd. No tengo muchas ganas de cualquier cosa que no sea dormir, pero esta frase es de Scry, y tenía que escribirle un cuento de Vampiros antes de que se vaya a NYC.

Con cariño…

Amanda

4, Marzo, 2008


bottle
Originally uploaded by shoothead.

- Voy a coger un frasquito de hierbas de mi librería. Lo cogeré para mirarlo… y para olvidarte.

Alguien, al otro lado del teléfono debía estar dándole una replica a Amanda, porque ella calló, mirando al infinito. Sus  pequeñitas manos enredaban el cable del viejo aparato con giros concéntricos de su dedo índice.

- Ana, no me puedes hacer esto…

Pero Ana sí que podía, sin duda. Con un gesto de desdén, Amanda colgó el teléfono, y esperó a oír su timbre de nuevo. Apretando los puños se giró y entró corriendo en la librería.

No se molestó en encender la lámpara, ni en subir las persianas. La luz del pasillo le guió hasta el minibar, que a su vez le regaló su propia luz para iluminar el camino que su brazo recorrería hacia el licor de hierbas.

En el pasillo, el teléfono dejó de sonar. Amanda cogió el frasquito de hierbas, se sentó bruscamente en el suelo y en un ademán de novela trágica gritó:

- ¡Adiós! ¡Quién sabe si  volveremos a vernos! Un miedo helado corre por mis venas y casi apaga en mí el aliento vital.

Lo destapó y comenzó a beber con pose teatral, incluidos el dorso de la mano izquierda en la frente y los ojos caídos.

Nadie aplaudía a su Julieta cuando terminó de beber el líquido del frasco. Tampoco cayó en un sueño envenenado tras el que despertar viendo el corazón de un Romeo atravesado por el puñal mortal.

- No lo entiendo - Dijo en voz alta.

El teléfono volvió a reclamar su atención y Amanda lo ignoró, suspirando y volviendo a la realidad.

Su vida era una continua decepción. No había nada emocionante, nada especial… continuamente intentaba llamar la atención de los demás, destacar en algo… y no lo conseguía.

Sin darse cuenta había vuelto al teléfono y lo había cogido.

- Pero tú sí, Ana.

Ana sí que podía.

- No lo entiendo, yo soy mejor que tú. Yo nací dos minutos y medio antes… ¡Yo debía estar allí!

- Amanda, ¿Qué son esos gritos?

Una mano le tocó el hombro y otra le quitó el teléfono con suavidad. Unos ojos verdes la miraron con ternura.

- Tienes que volver a la cama, Ana está ya durmiendo.

Amanda cogió de nuevo el teléfono.

- Ana, madre dice que ya duermes. Perdona que te gritase antes… no sé que me pasó. Da recuerdos a Papá y a Dios… y a la abuela. Procuraré dormir de un tirón. Mañana te llevaré flores.

Tristeza.

13, Febrero, 2008


sadness
Originally uploaded by w9oOoF.

Hace un año que murió Luis. Nada ha sido como antes y sigo añorándole… Como homenaje a su recuerdo he escrito algo.

 *

*

Confusa, se despierta entre sueños. Es de día y Patricia está tumbada en su cama, sobre la colcha, con los pies colgando por un lado con sus zapatitos de tacón a medio quitar.

Tiene los ojos rojos de tanto llorar, la cara húmeda y las pestañas pegadas. En su portátil, un programa repite una y otra vez el mismo track… 

Suena tu canción pero ya no estas
y un susurro me dice que no volverás
Lagrimas de papel que cuentan
que te has marchado sin decirme adiós
Y me dijiste no llores cuando
yo ya no este aquí contigo
Y no me quiero despertar sin ti

Cada frase le parece que está escrita para ella, como si alguien hubiese adivinado sus pensamientos. Por un momento siente rabia por no haber sido ella quien lo escribió.

Los pies de Patricia se mueven  siguiendo el compás de la batería. Sus manos se cruzan sobre su pecho, como tratando de abrazarse.

Te fuiste y yo
No se que camino elegir, llorar o volver a reír.
Y te echo tanto de menos si no estas aquí.
Te quiero y te odio a la vez, no se si ganar o perder, estoy perdido en tu luz.

Patricia se levanta de la cama y mira la pantalla del ordenador. Detrás del parpadeante programa reproductor de audio, el fondo de pantalla perfila dos caras sonrientes. Es la última foto que se hicieron juntos, aunque le costó muchísimo convencerle porque él nunca se dejaba fotografiar.

Y Patricia suspira, porque aunque el ya no está esa sonrisa tan bonita es lo único que puede arreglarle un mal día.

Y lo se.
Tú cuidarás de mí,
tú cuidarás de mi, hasta que nos volvamos a ver.

- ¡Cuánto tiempo pasó ya!

Las lágrimas vuelven a surcar su rostro, saladas y lentas.

No estás aquí.
Y ya no queda nada ni nadie.
Nadie que me escuche.
Nadie que me abrace.
Nadie que me ayude a seguir en pie…

- Especialmente hoy…-dice entre sollozos.

Cada vez que miro a la noche tú estás aquí,
junto a cada latido de mi corazón.

Tú cuidarás de mí,
hasta que nos volvamos a ver.
 

Patricia se acerca al calendario que tiene colgado en la pared, y arranca el día doce. Con rotulador rojo y letra redondeada, escribe sus pensamientos:

Día 13, un año sin ti, pero sigues en nuestro corazón.

Letra de Tu Canción, de Lengua Secreta.

En un minuto

11, Febrero, 2008


Puente de la Cárcel.
Originally uploaded by visablanda.

Todo sucedió en un minuto, pero a ella le parecieron horas.

Hilde notó como el nudo que tenía en el estómago crecía hasta su garganta. Gritó. Cerró los ojos y dejó salir todo el aire que había respirado.

El mundo entero se quedó en silencio. Mientras se quitaba los zapatos lanzó un beso al aire. Un tembloroso Tschüs salió volando de sus labios y se clavó como un puñal en la figura inmóvil de Adrien, que permanecía de pié frente a ella.

No le importó tener que subirse la falda negra hasta la cintura mientras trepaba el murete del puente, que no era muy alto. No se giró ni un instante para mirarle a él, simplemente se dejó caer sobre las oscuras aguas del río.

Lo que para cualquier espectador de esta escena hubiese sido un minuto, para Hilde se convirtió en un paseo por los últimos meses de su propia vida.

Se vió a si misma como desde una nube discutiendo con Adrien, la misma escena que acababa de representar en su vida real.

Luego en un parpadeo se encontró en una casa, con Adrien tumbado en una cama y ella mirándole de pie, sin inmutarse.

Otro parpadeo y una pareja de amantes murmurando, ella misma besando cada centímetro de la piel del otro, con sus cuerpos anaranjados por el rojizo resplandor de las llamas de la chimenea. En la puerta Adrien mira la escena con lágrimas en los ojos, pero se marcha sin decir nada.

Y mientras sus pies se hunden el el frío agua, Hilde se ve a si misma abrazando a Adrien, jurándole que lo amará siempre y que si alguna vez le hace daño su vida no tendrá sentido.

Adrien no pudo moverse. La vio girarse y como a cámara lenta caer en el agua helada. En ese momento supo que ya todo estaba perdido. Tomó conciencia del frío del exterior al mismo tiempo que el vacío le helaba el interior. En el suelo estaban los dos zapatos rojos de Hilde. Los cogió por el tacón y se alejó lentamente del río.

Esto es un Spin-off de otro Cuento.

Con el comienzo de la frase semanal de El cuentacuentos.

Escena 24

4, Febrero, 2008

- Me he tragado una canción -digo. Tú me miras con tus ojitos almendrados y brillantes. Tu boquita dibuja una media sonrisa.

- ¡Ay amiga! -dices, pero pareces callar algo.

- Dímelo. -Te ruego, poniendo un tono de voz que yo misma no conozco.

Me paso el día pensando en ti y en cómo venir a verte,  y tú solo piensas en tu música.

Yo me quedo en blanco por dentro, y teñida de rojo por fuera. Me miras alzando una ceja.

- ¡Ay niña! -dices con un suspiro.- Me ves y pareces salir corriendo…

- Lo siento. -digo tratando de que mi voz suene convencida- Te vi allí, no sé… tan triste, tan… bonito. Me dio miedo acercarme.

- El miedo no lleva a ninguna parte. -Me aseguras.

Ya no sé si me miras a mí, o a la gente que hay a nuestro alrededor, porque solo veo mis pies.

- ¡Cuándo te vas a dar cuenta de lo preciosa que eres!

- Mientes tan bien… – susurra mi voz.

- ¡Es cierto! – casi gritas- ¡Y cuándo quieras te lo demuestro!

El mundo podría pararse en ese instante. Sería un buen final, un final abierto para cualquier imaginación tan alocada como la mía.

El tú de mi imaginación volvería a decirme que soy bonita, que le gusto desde el mismo instante en que me vio por primera vez. Yo recordaría ese momento, tu cara de sorpresa al verme y tu tartamudeo.

El yo de mi imaginación se acercaría a ti lentamente,  olvidando toda timidez tomaría tu barbilla entre sus manos y con mirar un segundo el brillo de tus ojos le bastaría para saber qué hacer.

El problema es que raramente las cosas son como uno las quiere imaginar.

- ¿Sabes? -dices- Tengo que decirte algo. El no ya lo tengo, así que no pierdo nada… Llevo un tiempo pensándolo…

- No lo intentes, por favor. -digo- Mi vida está empezando a ir bien ahora, no quiero complicarla, no es el momento.

- ¡Pero yo no podré esperar por siempre! Algún día me cansaré de buscarte, de esperar que aparezcas. Ya te quedan pocas oportunidades.

Y con tu revelación, aparece mi firmeza. No eres tú. No eres él.

*

Escrito partiendo de una frase de El Cuentacuentos.

Por si a alguien le interesa, el final está aquí.

Todas aquellas palabras que en su época fueron escritas por alguien, en la superficie de la tierra o bajo ella, estaban siendo absorbidas por el puntiagudo sombrero de Melfo.

El pequeño hombrecillo se había propuesto ser un villano: el malo más maléfico de todo Minframundo. Durante semanas había buscado conjuros y reunido toda la magia que pudo conseguir para llevar a cabo el plan que le elevaría hasta la gloria de los más malos del universo.

En ese momento estaba en el salón de su casa con sus peludas orejitas más coloradas de lo habitual y dando pequeños saltitos alegres alrededor de la mesa donde había dejado su sombrero. Melfo iba repitiendo algunas de las palabras según iban pasando por delante de su nariz y desapareciendo en él de forma totalmente fortuita.

- Sardinas… endiablado… aún… los… Dorian… por siempre… sin… decapitadlos… contra… argucia… mitad… a…  Ford… afrodisíaco… ¡feroz!

Sus pequeñas manos verdes aplaudían con emoción cada vez que una palabra terminaba en ‘z’. Melfo adoraba esa letra.

Es posible que todas las palabras escritas hubiesen desaparecido para siempre si Mada no hubiese llegado en el preciso instante en que ‘embarcadero‘ era engullida.

Melfo dio un respingo y se puso el sombrero en la cabeza, vomitando un ‘colorín colorado’ muy esclarecedor, apoyándose en la mesa y tratando luego de silbar una melodía inocente.

Si había alguien a quien Melfo temía, esa era Mada.

- Melfo ¿Qué son esas letras que han salido de tu boca?- preguntó Mada con tono reprobador.

- ¿Qué ‘hip-FORASTERO-hip’ palaf‘hip’bras?

Melfo había tratado de contenerlas, pero de su boca salieron perfectamente dibujadas cada una de las letras de la palabra ‘forastero’.

- Melfo…

- ¡Madita mía! ‘pf…BORRASCOSO‘.

La boca de Melfo dibujó una gran O para dejar salir la última de las letras y ya no pudo parar. Una a una fueron saliendo todas en orden inverso a por el que habían entrado.

Mada esperó con el ceño fruncido y los brazos cruzados a que todas las palabras robadas saliesen de la  boca de Melfo. Luego se mordió el labio inferior y tras un suspiro prolongado dijo:

- Otra vez tratando de conquistar el mundo ¿no Melfo?

Melfo retrocedió un paso mientras negaba con la cabeza.

- Esta noche duermes en el sofá.

- Mada, ¡si no hago nada malo!

Más historias con el mismo comienzo, en el cuentacuentos.

Poema 105

18, Enero, 2008

Se truncó la noche en áspera y feliz,

en oscura y con destellos

(yo creo que por las farolas).

*

Se le olvidaron mi cabeza pensar

y a mis ojos pestañear

(enfermos de locura los supongo).

*

Y fue entonces cuando mi pié,

impetuoso y alocado,

decidió por su propia cuenta tropezar

y que el resto de mi cuerpo 

cayese a los tuyos

(¡divino traidor!).

*

Cual ángel salvador tu torso

inclinó hacia mi tus brazos

(suaves, salvadores, abrazadores).

Y mi cerebro anhelante de pasión

despertó al tiempo que ordenaba:

‘¡labios para qué os quiero!’

(¡qué dulce momento hubiese sido!).

*

Pero el tuyo

mas rápido que el mío,

apagó las luces de mis ojos

con una sonora cachetada.

(Aún duele tu recuerdo).

*

Y hemos cruzado nuestros caminos,

mi noche sigue siendo áspera y oscura

feliz y con destellos

pero ya puedo pensar,  pestañear

y soñar despierto

con mi beso robado.

Escrito con una frase de El cuentacuentos.

Hilde, Adrien, Alfonse.

14, Enero, 2008

Quiero pedir perdón a quienes leerán esto…

En un principio iba a ser un relato corto, pero se alargó…

Y os hice esperar una semana más. 

*

*

¿UNA ASPIRINA?

2ª Parte -

Pasaron varios días hasta que alguien encontró el cuerpo de Hilde flotando entre los juncos. Era un día lluvioso y frío, envuelto por una extraña niebla anaranjada que hacía bastante siniestro el amanecer.

Hilde, hermosa y azul. Los labios aún perfilados por el rojo carmín waterproof. Las manos tan pálidas y delgadas como siempre, con su diminuto anillo púrpura. Sin zapatos.

Parecía sacada de un cuento de sirenas. Así lo dijo Alfonse cuando hubo de reconocer el cuerpo en el depósito.

Alfonse y su abogado esperaban ahora en una fría sala del depósito, con baldosines blancos en el suelo, paredes alicatadas con el mismo baldosín, sin ventanas y con un único sillón en una de las paredes. En la pared opuesta había un calendario del mes de febrero, con todos los días tachados hasta llegar al doce.

- Siempre fue muy bonita – Aseguró- No entiendo como pudo suicidarse.

- Señor Nolte -Carraspeó el ayudante- hay una pequeña posibilidad de que ella cayese del puente con ayuda de alguien.

- ¿Con ayuda de alguien?-Alfonse enfureció- ¡¿Me está diciendo que alguien podría haberla matado?!

El abogado retrocedió un paso. Alfonse Nolte siempre le había parecido un hombre muy feroz. No entendía cómo la dulce Hilde había podido engañar al apuesto Adrien con el ogro de su hermano. O quizá todo se reducía a un pequeño trámite monetario.

- Oh, bueno señor Nolte… hay… un hematoma en la muñeca izquierda de… Hilde.-El abogado tragó saliva.-Es como si la hubiesen sujetado con mucha fuerza y… y dicen que podría ser un crimen pasional.

- Un crimen pasional… -meditó Alfonse- Espere, ¿Dónde está ahora Adrien?

*

Por si alguien lo dudaba,

Sí comienza con la frase de la semana

de El Cuentacuentos,

y sí, con Adrien vamos a volver al pasado,

para saber al fin lo que pasó.

No os haré esperar otra semana.

Aquí está.

*

3ª Parte -

Mola estaba apoyado en la pared de un edificio frente a la casa de Alfonse Nolte. Su mano izquierda jugueteaba con una moneda, pero la vista la tenía clavada en una ventana de la tercera planta.

De todo lo que había tenido que hacer para Adrien Nolte, sin duda ésta era una de las peticiones más extrañas. Al parecer, alguien iba a dormir o a sedar a Adrien, alguien enviado por su hermano Alfonse, pero él previamente se habría tomado un veneno que lo haría parecer muerto… Ellos tendrían que creerlo así para que todo saliese bien.

No le había dicho cómo supo que todo ocurriría esta noche, ni lo que iban a buscar. Solo que cuando ese alguien saliese del piso, él debía seguirle un rato para asustarlo y volvería rápidamente para darle el antídoto a Adrien.

Mola estaba repasando el plan cuando escuchó un portazo. Una silueta femenina se apresuró a caminar calle arriba, justo al tiempo que comenzaba a llover. La siguió un largo trecho, dejándose ver un par de veces, y volvió en busca de Adrien.

*

Adrien despertó bruscamente y llenó sus pulmones con todo el aire que su boca pudo tragar en un segundo. Estaba tendido en una cama, y su asistente le sujetaba por los hombros.

- Señor Nolte, ¿Está bien?

- ¿Estoy  vivo? ¿Estoy vivo otra vez?

- Sí, señor Nolte.

Adrien se llevó las manos al cuello y luego a su adolorida cabeza. Inmediatamente miró la mesilla y vio un vaso de agua, y en el suelo muy cerca ella unas aspirinas. Al intentar cogerlos vio sus manos moradas y sintió frío.

- ¿Esperó a…?

- Sí, señor Nolte. Esperé hasta que la Señorita salió y la seguí hasta que entró en una cafetería. He venido corriendo.

- ¡Hilde!

Sobre la cama había un pañuelo con un líquido azul.

- Ella no te vio, ¿verdad?- preguntó Adrien.

- Me vio pero no lo suficiente. No me podrá reconocer. Es imposible que me recuerde.

Adrien Nolte se levantó con dificultad de la cama.

- Tengo que encontrarte… Wo Bist Du Jetzt?

*

Adrien siguió a su instinto, y éste le llevó al lugar adecuado en el momento erróneo. Hilde y él solían pasear por esa parte del río, lo suficientemente alejada de la ciudad como para creer que estaban solos. Agazapado tras un grueso sauce podía ver la luz de un cigarrillo y escuchar la voz de Hilde.

- Eso no importa ahora, meine Liebe. Lo importante es una cosita que tú puedes hacer por mí… -la voz parecía temblar por la emoción-Sé que esto vale mucho más de lo que ahora vale mi vida. He visto a Adrien muerto y no quiero correr la misma suerte.

Adrien peleaba contra su instinto de salir y decirle que todo estaba bien y que él seguía vivo pero sus piernas no se movieron cuando ella volvió a hablar.

- Escucha Alfonse, Adrien ya no me importa. Tú ya no me importas. Nunca fuisteis nada para mí. Quiero un vuelo sin nombre a un lugar donde nadie me pueda encontrar. Tú puedes conseguírmelo.

Adrien apretó los puños desde su escondite. No pudo ver una lágrima que mojó la mejilla de Hilde.

- Te daré tu estúpido cuaderno entonces, cuando me encuentre segura. Sí, déjalo en una bolsa de deporte azul en el aeropuerto, en la zona de fumadores. Estaré allí en un par de horas y no quiero verte.  Auf Wiedersehen.

Hilde colgó y se giró hacia el plateado reflejo de las luces de las fábricas cercanas. Tiró el cigarrillo al agua y soltó todo el humo de su última calada.

Adrien salió de su escondite y se puso a su lado sin que ella se diese cuenta hasta que la sujeto fuertemente de la muñeca.

- Hilde, meine liebe. -Dijo él con sarcasmo.- ¿En qué cama estuviste anoche?

Hilde forcejeó pero no dijo nada. Adrien la miró, con los ojos empañados por las lágrimas y la soltó para taparse la cara, avergonzado.

- Hilde… te soñé y apareciste. ¿Qué queríais de mí?

Hilde trató de abrazar a Adrien, pero él la apartó. Ella pareció pensar un momento, sin saber muy bien cómo empezar a hablar.

- Alfonse dijo que era suyo -Ella sacó el cuaderno y se lo dio- que tú no debías tenerlo. Dijo que era algo demasiado grande para ti. – Hizo una pausa mientras Adrien lo cogia- Solo espera que me marche, no le digas a nadie que lo tienes… bitte

- Ich liebe Dich, Hilde. -dijo Adrien- …pero no te puedo perdonar.

Hilde gritó como nunca había gritado, con desesperación y desesperanza. El mundo entero pareció quedarse después en silencio, hasta que ella lanzó un beso al aire y susurró una palabra.

Tschüs.

Adrien no pudo moverse. La vio girarse y como a cámara lenta caer en el agua helada. En ese momento supo que ya todo estaba perdido. Tomó conciencia del frío del exterior al mismo tiempo que el vacío le helaba el interior. En el suelo estaban los dos zapatos rojos de Hilde. Los cogió por el tacón y se alejó lentamente del río.

*

Espero que el desenlace

no os haya defraudado mucho.

:P

*

 

 

¿Una aspirina?

4, Enero, 2008

- Los muertos no necesitan aspirina.

Hilde tomó un cuaderno de notas de la mesilla de Alfonse con la misma indiferencia con la que había hablado y salió de la habitación con el acompasado tac-tac de sus tacones.  Abandonados tras ella quedaron la habitación en penumbra, la caja de aspirinas tirada en el suelo junto a la cama y un cuerpo rígido, que parecía haber tratado de alcanzarla.

Hilde se arregló un mechón de pelo que le caía sobre los ojos, mirando su reflejo en el espejo del salón. Alzó las cejas e hizo un mohín. Luego se giró hacia la puerta de la habitación de Alfonse y lanzó un beso al aire, sin quitarse los guantes en ningún momento.

- Tschüs. – Susurró.

Sus tacones rompieron de nuevo el silencio al chocar rítmicamente con la tarima y pararon para ceder el honor a una puerta chirriante y pesada. Hilde no dudó ni un instante. Al salir dio un portazo y fundió con la negra noche su silueta de femme fatale.

Al poco tiempo de haber salido a la calle comenzó a llover. Hilde metió el cuaderno de notas entre los pliegues de su abrigo y apresuró el paso. Un par de veces paró en seco al ver alguna sombra aparecer por una esquina, con la respiración agitada y un nudo en la garganta.


PC210055
Originally uploaded by synn_s.

Cuando llegó al centro de la ciudad pasó a la cafetería que el azar eligió; una de aspecto antiguo, de mesas pequeñas y olor a madera recién pintada. Pidió un cappuccino con extra de cacao y apagó un cigarrillo que a penas había encendido mientras miraba inquieta a su alrededor.

El café tardó en llegar lo que Hilde tardó en desabotonar su abrigo, colgarlo en el respaldo de la silla contigua, soltarse el moño y consultar las llamadas perdidas de su teléfono móvil. Tomando un tímido sorbo, volvió a mirar a su alrededor.

No recordaba haberse quitado los guantes, pero allí estaban, sobre el cuaderno de notas de Alfonse. La voz de Jamie Cullum resonó entonando London Skies y Hilde cogió el teléfono.

- Lo tengo – dijo en un susurro

- Hilde, du bist mein Leben. - Respondió la voz al otro lado de la línea.- En cinco minutos estaré en la estación.

Hilde miró su reloj de pulsera. Las ocho y veinticinco.

- ¿Y qué pasará con él?

- Sólo está dormido. No recordará nada. Ich liebe Dich, Hilde.

Nadie notó cómo la muchacha pelirroja salía del local, dejando una propina en la mesa, junto a un cappuccino aún con espuma y unos guantes blancos de piel.

Si Hilde hubiese vuelto a casa de Alfonse, habría visto la ventana del salón iluminada y movimiento en el interior. Ella tenía la certeza que el hermano de Alfonse seguiría tumbado en esa cama, y no habría sabido explicar cómo supo que cuando ella llegó Adrien ya estaba muerto.

Si Hilde hubiese ido a la estación, habría encontrado a un Alfonse muy nervioso que tenía una coartada perfecta para el día entero, pero con algo que ocultar anotado en un cuaderno que ella debía devolverle.

Hilde se acercó a un puente que cruzaba un río parecido al Thames, algo más pequeño y bastante más abandonado, y encendió un cigarrillo. Mientras contemplaba las luces de los edificios cercanos en el reflejo sobre el agua decidió que ahora era ella quien tenía el control.

- ¿Alfonse?

- ¿Hilde? ¿Dónde estás? ¡Te necesito aquí!

- Eso no importa ahora, meine Liebe. Lo importante es una cosita que tú puedes hacer por mí…

Escrito con una frase de El cuentacuentos.