De miradas.
16, Marzo, 2009
A veces cuando miro a los ojos a alguien, su mirada se me queda grabada, y aún con los ojos abiertos y la persona bien lejos, puedo ver esa expresión que en su momento me sorprendió.
Hoy he visto unos ojos, que me han recordado a alguien que hace tiempo no veo. Alguien tan triste…
Depredator
22, Octubre, 2008
Esta es la historia de cómo caí en las garras de el más feroz de todos los seres de la fauna ibérica: Depredator Máximus.
Hasta el momento el Depredator Máximus había sido amigo mío. Yo había pasado de ser perseguida por él en su más diabólica niñez a ser su confidente.
Mi depredator lo tenía todo para ser vistoso: moreno intenso (tanto piel como cabello), buena altura, abdomen de tablita de chocolate… el mejor en todo aquello que se proponía (desde química a educación física).
Por no hablar de su familia. Eran todos perfectos, desde su hermana, cariñosa, agradable (e incluso miss de las fiestas), su madre, ama de casa que empleaba su tiempo libre (bastante) en hacer cursillos de todo tipo, su padre, el ingeniero (por cierto, también muy atractivo).
En fin, tanto el Depredator Máximus, como su entorno parecían creados cuidadosamente para agradar.
Llegados a este punto de la narración he de aclarar que los hábitos alimenticios de Depredator eran ‘todo lo que nada, corre o vuela, para la cazuela’. Eso incluía rubias, morenas, pelirrojas, altas, bajitas… aunque no siempre fue así. En un principio se dedicaba sólo a las morenas.
Como ya dije, tras mi rechazo inicial, nos hicimos muy amigos. Quedábamos por las tardes para jugar tenis, escuchar música, o simplemente hablar.
El tenía la capacidad de poder hablar durante horas de cualquier cosa. Como buena cotilla que soy, siempre lograba arrancarle alguna anécdota de su última presa, con lo que llegué a conocerle bastante.
Mas de una de sus andanzas sonaba a fantasmada, pero ¿quién no ha exagerado alguna vez?
Una tarde llegué a su casa cuando estaba duchándose, y me quedé en el salón hablando con su hermana para esperarle. Depredator Máximus salió al salón con una pequeñísima toalla alrededor de su cintura, y con gotas de agua aún en la piel.
Aquella visión me produjo tremendo shock, aunque he de confesar que ya le había visto descamisado otras veces; Aquella tarde fue todo bastante confuso, porque a mi dejaron de fluirme las palabras, y a parte de tonterías sólo decía monosílabos y sonreía como idiota…
Al día siguiente estuvimos escuchando música. Casi al final de la tarde me dijo que tenía que contarme un sueño. Salimos al jardín, y nos sentamos en unas jardineras.
Él me miró a los ojos y me dijo que había soñado que me besaba. Y quería hacer su sueño realidad…
El momento en sí fue mágico. Su olor, y la temperatura que desprendía su cuerpo al acercarse a mi. La situación era de lo más bonita, el atardecer, las flores rodeándonos…
Siempre guardaré ese instante en mi memoria.
El hechizo se rompió en el momento en que sus labios rozaron los míos. No sentí nada. El hormigueo desapareció, no hubo fuegos artificiales y todo se llenó de un extraño silencio. Recordé que él era Depredator Máximus, y yo, su amiga, me había convertido en una presa mas.
Furia
4, Septiembre, 2008
Hoy me pasaron una notita con un poema y una dedicatoria y me dio tal frustración que la arrugué y la tiré a una papelera.
No recuerdo que ponía pero hablaba de mis ojos y mis labios… y de simpatía e iluminación.
También ponía un número de teléfono y un ruego.
No soy una persona directa, así que mañana tomaré otro autobús en el que no valla él, y con un poco de suerte no tengo que volver a cruzármele…
No entiendo porqué si eres simpática, creen que pueden conseguir algo más. ¡Me ofende el jueguecito de pretender que por darte los buenos días y sonreírte ya tengo que sentir algo por ti!
No me gusta que me digan que sueñan conmigo, o que les pareció verme en un lugar lejano y lleno de gente. No me gusta que presupongan lo que pienso ¡si ni siquera saben nada de mí! ¡¡Pero si yo nunca hablo!!
¡¡Estoy tan furiosa!! ¡¡Una ya no puede ir a trabajar tranquila sin que un baboso se te quede mirando y creyéndose importante!!
Otro Cielo
8, Enero, 2008
Texto: Mario Benedetti
Foto: Synn
No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio
no existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin como es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón
no existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan dificil
siempre te faltaría el pino del crepusculo
eso es por que se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegue al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.
Dario y Elisa.
15, Octubre, 2007
Las palabras no significan nada, no son importantes, lo que marca son tus actos, y la coherencia de estos con tus palabras.
Una vez, Elisa conoció a un hombre de voz grave y ojos oscuros. Cada día le miraba a través de un espejo, siempre el mismo, pero era sólo una cara más como tantas otras con las que se cruzaba a diario.
Al principio, él no se fijó en ella, o al menos, Elisa no lo notó. Ella estaba ocupada en su rutina, tan preocupada por su propia tristeza, que tampoco le vió a él.
No recuerdo bien como fue, pero Elisa se descubrió de pronto espiando como las manos ágiles de Dario recorrían un teclado y buscando su reflejo en el espejo. Con el paso de los días, sintió como si un deseo no formulado comenzase a perfilarse ¿era posible que estuviesen mirándose ambos a través del mismo cristal?
Elisa se armó de valor, y un día se sentó al lado de Darío. Comenzaron con comentarios casuales, miradas fugaces y las sonrisas bastante inocentes.
Darío invitó a Elisa a tomar café. Aunque no podía creerlo, al final ella terminó apareciendo en el lugar y la hora indicados.
Hablaron sin pensar en qué, y los minutos pasaron en el tiempo que yo hubiese tardado en apagar todas las velas de mi pastel de cumpleaños. Elisa le confesó sus últimas preocupaciones a un extraño, mucho más confiada de lo que jamás estuvo con nadie, y Dario le dió consejos llenos de experiencia.
Al despedirse, él le dijo que se iba de la ciudad, y que sólo tendrían una oportunidad de volver a verse.
Elisa se dio cuenta de que no sabía que estaba sintiendo, pero aceptó volver a ver a Darío, para ser amigos y conocerse mejor, tal como él había dicho.
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Cuando Darío vio a Elisa esperándole aquella mañana, sonrió: había venido a verle a él. Hasta el último momento, había creído que ella no se atrevería a ir, pero allí estaba.
Caminaron juntos un rato en silencio, y luego él sugirió ver una película en el cine, quizá imaginando poder estar más cerca de ella en la oscuridad… pero por el camino, ella no se dejaba abrazar. Darío lo intentó un par de veces ¡¿no había venido por él?!
- ¿Qué te pasa? – preguntó él al fin – ¿No querías que fuésemos amigos?
- Bueno, pues cuéntame algo más de tí.- Contestó Elisa, visiblemente incómoda, zafándose una vez más.
- Si ya lo sabes todo…
Y Dario se calló. La miraba caminaba a su lado, con la cabeza gacha. Parecía tan frágil y a la vez tan dulce, que tubo una especie de presentimiento: no podía mentirle por más tiempo.
- De acuerdo: Estoy casado y tengo dos hijas. Mi mujer y yo no nos llevamos muy bien, pero lo hemos aceptado. ¿Qué más quieres saber? - dijo de carrerilla.
Dario vio como la cara de Elisa cambiaba poco a poco pasando de sorpresa a verguenza, y se sintió juzgado.
- … pero eso no cambia nada. No quiero mentirte, prefiero que lo sepas todo desde el principio…
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Elisa pasó la tarde tratando de evitar quedarse a solas con Dario. Él intentó besarla una vez, y ella rompió a llorar en una mezcla de rabia e impotencia. Se creía usada y engañada, aunque realmente no había pasado nada entre ellos. Se prometió no volver a verle, y no volvió a escuchar ni una palabra de lo que él decía, porque esas palabras no tenían ya significado para ella.
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Un final amargo, porque Elisa realmente no puede perdonar a Darío, pero se cree culpable [¡Claro qué no lo es! ¿De qué iba a serlo?].
Escrito para la frase semanal de El cuentacuentos, con un poquito del yo que ya no soy. Aunque no es real, esta metáfora la siento así, y ahora seré libre.
Sin nada.
27, Agosto, 2007
Basta con que me regalen una sonrisa casual para que a mí me parezca la más bonita de las sonrisas. Y puede que nada más sea perfecto, pero a mí ya me lo parece.
Estuve pensando cómo los ojos de uno me mintieron, diciéndome entre chispas que me extrañarían, que volverían a verme.
Y entonces hoy, entre palabras de amargura surgió una media sonrisa de otro, y luego otra, y otra. Al final esos nuevos ojos risueños, adormilados y pequeñitos parecieron también sonreirme.
Es esa sensación de ingravidez la que me encanta, y me llena de ensoñación. Tan sólo con estar allí, ya valió la pena despertar un día más.
Vuelve
29, Junio, 2007
El tiempo se detuvo por tí,
Tu último beso es lo que recuerdo,
tus manos sobre mis hombros, tu sonrisa infantil.
Lo que pasó después fue mi huída,
tu no querer saber,
mi soledad, y mi agonía.
Y ahora que me creo con fuerzas
me paro a pensar en ti.
Creo ser fuerte, pero ahogo mis sollozos
con el núnca sería, o el no podría,
aunque creo que en el fondo de mi locura
sé que debí haberte amado como ese día
en que despertaste para mí.
Te extraño aunque no lo creas,
y mi silencio sólo es prueva de ello.
Vuelve.
Cabo Peñas
11, Abril, 2007
Cabo PeñasOriginally uploaded by raymond.
Fuí a buscarle, pero sin el valor necesario de quien quiere ir.
Su cuarto vacío solo mantenía el olor de aquellas tardes de verano planeando rutas, y el gran mapa de españa donde el ponía su dedo para recorrerlas.
Tracé un último camino y fuí a verle.
He cerrado los ojos. Él está aquí, en la espuma de las olas, en las rocas, en el aire…
¿Arena en la playa?
15, Febrero, 2007
Por la mañana lo sentí. Me dije: “Ponte el cinturón que va a pasar algo hoy”.
Por la tarde me llamaron, porque Luis había tenido un accidente de coche y había muerto. No es el primer ni el segundo amigo que muere de forma brusca en los últimos cinco años. Luis era parte de mi familia, y ahora estoy tratando de negar lo evidente: que no volverá a llevarme a la playa, que no volverá a enseñarme una postura de yoga, ni volverá a discutir conmigo sobre cómo es mejor afrontar una entrevista de trabajo… Estoy tratando de anularme el sufrimiento, de suprimirlo. No quiero llorar más.
Ciega de egoísmo me pregunto “¿Y qué haré sin Luis?”. Sí, me doy cuenta de que últimamente me pregunto mucho eso, cambiando el nombre y los motivos, pero es lo mismo.
Quizá debería dejar marchar todo lo que creo necesitar, tratar de ser yo y conformarme con que soy la única persona que no me va a fallar, y que siempre estará conmigo.
Debería coger un puñado de arena de playa y dejarla volar con el viento.
Tu presencia ausente.
1, Febrero, 2007
Si me dejas el aire para respirar
pero tú te vas
llenaré de suspiros el día
y de sollozos la noche.
Si ahora me miras de nuevo
pero no me ves,
el mundo no podría estar más vacío
que con tu presencia ausente.
¡Qué se apague la luz de mi memoria!
¡Qué desaparezcan mis recuerdos!
¡qué no sufra mi alma…
… que perderte no puedo…
Si rozas mi mano
y sientes que tiemblo
no creas que es cierto
piensa que es el frío.
No escuches mi voz
lanzando atropelladas palabras
dísonas, románticas, soñadoras.
No escuches los latidos de mi corazón.
Sólo mírame, a mí, contigo.
Descubre que no puedo si no estás,
cree en mí sin escucharme.
Sólo mírame así.
Déjame compartirte mis segundos
porque si me dejas el aire
pero te vas…
No podré respirar.


