Dos extraños
19, Septiembre, 2008
Siempre soñé con convertirme en una parte de tí. Tus gafas por ejemplo. Viajar a tu lado pegada a tu nariz, viendo lo que tu miras…
Estar cerca de tus suspiros, notar el rubor de tus mejillas y apoderarme de tu esencia desde un lugar privilegiado.
Estar junto a tí, sí…
Estando tan pegada a ti seguirías sin notar mi presencia, pero por las noches me cogerías entre tus manos, y con una caricia repasarías mis curvas, me darías tu aliento… estaríamos por unos intantes siendo cómplices de un momento sólo nuestro, disfrutándo de nuestra cercanía… y luego me dejarías en la mesilla, junto a tu cama, para que vigile tus sueños.
Y no seríamos dos extraños…
Post original, 11 de Septiembre de 2006.
¿Puedes creer que me pongo a leer cosas que escribí hace tiempo, y me entretienen igual que si las estuviese leyendo por primera vez?
Creo que es porque en el fondo son una parte de mi que necesita continuación, y me engancha… ¡Qué egolatra soy!
De todas formas no consigo hacer algo lo suficientemente largo…
Pesadilla
16, Septiembre, 2008
Frase de Brian E.H.:”Todo comenzó cuando Blanquita se comió a sus cachorros.”
Todo comenzó cuando Blanquita se comió a sus cachorros. Era el tercer fin de semana de Septiembre y había comenzado a llover con furia sobre mí mientras cruzaba a grandes zancadas la polvorienta Calle de La Plata.
- ¡Se los ha comido! – oí que gritaba Amelia desde la casa de enfrente – ¡Blanquita se los ha comido a todos!
Un relámpago amarillento precedió al sonoro trueno que me hizo tropezar con el bordillo de la acera. Un segundo relámpago iluminó mi caída, o quizá se trataba tan solo del Dedo Divino que marcaba de esa forma mi entrada en el extraño mundo onírico en el que me ahora me encuentro…
Cuando Blanquita me cogió con sus patas delanteras y abrió sus fauces para darme un bocado, empecé a sospechar que algo no estaba bien. El tiempo se demoró en su fluir de segundos, y todo comenzó a discurrir a cámara lenta.
- ¡See…los… haa… coo…mii…doo…!
La voz de Amelia sonaba gutural e inconstante. Miré hacia el lugar de dónde creí que venía la voz y vi el cuerpo de Amelia sin cabeza, al lado de una de las enormes patas traseras de Blanquita.
Horrorizado, comencé a patalear, pero mi ascenso hacia la faz del animal continuaba lento e implacable.
- ¡Blanquita! -grité intentando a la vez zafarme- ¡Soy yo! ¡El vecino!
Una brusca sacudida me hizo pestañear. Un relámpago y un trueno. En un abrir y cerrar de ojos he pasado a encontrarme en una caseta de perro, abrazado a cuatro crías recien nacidas. Todo está tan sobredimensionado que ya no me extraña que mi tamaño sea igual al de ellas.
- Es un sueño, un sueño…
Oigo una fuerte respiración sobre mi hombro, y un leve gruñido.
- ¿Blanquita? -Pregunto. Mi voz tiembla. Sigue lloviendo.
Final de Escena (24)
6, Febrero, 2008
En el anterior post planteé un diálogo, era una situación por la que he pasado y que no me hace sentir muy feliz conmigo misma…
No puse el final, es cierto… puede que por no enfrentarme a ello, así que voy a tratar de ser valiente y confesar. Enlazo el final:
- ¿Sabes? -dices- Tengo que decirte algo. El no ya lo tengo, así que no pierdo nada… Llevo un tiempo pensándolo…
- No lo intentes, por favor. -digo- Mi vida está empezando a ir bien ahora, no quiero complicarla, no es el momento.
- ¡Pero yo no podré esperar por siempre! Algún día me cansaré de buscarte, de esperar que aparezcas. Ya te quedan pocas oportunidades.
Me quedo pensando un instante y tu notas que dudo. No eres tú. No eres él.
- Me tengo que ir. Adiós.
- Solo piensalo – Dices, y me miras mientras me marcho. - Espero volver a verte. Ven mañana, saldré a la misma hora.
- Perdóname. – Digo, aunque no estoy segura de si has entendido el porqué. - No quiero hacerte sufrir.
Sigo caminando. En un momento dado, me giro y allí estas. Me saludas con la mano y me señalas con un dedo.
Van a pasar días, e incluso meses, antes de que vuelva a verte. Al principio evitaré encontrarte. Luego simplemente desaparecerás.
Tú y yo.
6, Noviembre, 2007

Uploaded by MiniOnion.
Una mancha de vino en el mantel. Tú y yo enfrentados en la mesa, y entre nosotros tan solo la mancha y nuestro silencio. Esquivando miradas y sonriendo nerviosos esperamos, preguntándonos quién será el primero que hable.
En otra mesa una pareja discute. Él tira su servilleta a la mesa, chocando ésta contra la copa, y creando una nueva mancha de vino. “Siempre has sido un cretino” dice ella levantándose “Ve a dormir con tu amiga Flavia“.
Cerca de ellos, un bebé comienza a llorar. Una mujer joven lo coge en brazos y le llena de arrumacos, mientras su compañero, bastante mas mayor que ella, suspira aburrido. “No deberíamos haber salido, todo el mundo nos va a mirar” dice él tomando un largo trago de su copa de vino tinto, que luego vuelve a situar perfectamente centrada sobre la mancha en el mantel.
En la cocina, el primer ayudante corre de un lado a otro cortando, picando, mezclando. Hoy todo el mundo ha venido a la misma hora, el restaurante está completo y han tenido que doblar mesas. ¿habrá suficientes manteles?
Uno de los camareros termina de montar una mesa y deja un par de cartas a los dos hombres de otra mientras les toma nota de la bebida. “¿Un borgoña, Julio?” pregunta uno de ellos, intentando coger la mano del otro.
Cuatro chicas se sientan junto a mesa vacía, parloteando sin cesar. “Y luego nos pasamos por un boys” ríe una “¿Pero no íbamos a celebrar la despedida tranquilas?” suplica otra.
Nuestro camarero vuelve con un plato de fresas con nata para ti y un brownie para mí. Te sonrío con la primera cucharada de mi postre.
- ¿sabes? – me susurras- Yo conozco a Flavia.
Con tu mirada señalas a la chica con el bebé en brazos. Yo miro como Flavia ha conseguido calmar al bebé y lo pone en su cochecito. Antes de sentarse se acerca a su pareja y lo besa suavemente en los labios.
- ¿La Flavia con la que tiene que dormir ese infeliz? – pregunto indicando con la cabeza a el hombre que está ahora sólo en su mesa, firmando el reporte de su visa.
- Sí, ¿no es curioso que hayan coincidido esta noche aquí?
Tú me miras con tus ojos avellana, y saboreas una de tus fresas. No puedo parpadear, porque me tienes bajo tu hechizo. Te vuelvo a sonreír.
El grupo de amigos de la mesa del fondo empieza a cantar el cumpleaños feliz, abrazándose unos a otros mientras se mueven al compás.
- ¿y nosotros…? – Comienzo a preguntar.
A nuestro lado, Julián se arrodilla y le da una cajita a su pareja. “No puedo esperar al postre, Jon” dice, mientras a Jon se le saltan las lágrimas.
- Siempre recordaré éste día -dices- Tú, yo, una mancha de vino en el mantel… y el tiempo parece detenerse entre nosotros, pero no dejan de suceder cosas alrededor.
- Tú y yo – repito.
Y me embrujas con un roce de tu mano en mi mejilla. Siento que te acercas y mi pulso se acelera.
- No hay nadie. -Susurro- Sólo tú.
Y el mundo desaparece con tu beso.
Más historias con el mismo comienzo en el cuentacuentos.
El mar.
29, Octubre, 2007
blue seaOriginally uploaded by fungjigirl.*- ¿Por qué el mar es azul? – Preguntó el Príncipe Ignacio.
- ¿Y cómo querías que fuese? – Respondió Ozo Peluchozo con sorpresa. Ambos caminaban por la arena, siguiendo la línea de playa, aunque más bien era Peluchozo el que caminaba; el pequeño príncipe iba sentado en el hombro izquierdo de su amigo, sujetándose con cuidado de un mechón de peluche marrón.- No sé… hay muchas cosas que son azules y nunca nos preguntamos el por qué. – meditó Peluchozo.- Como tú.
- ¿Yo?
- Tú eres un Príncipe Azul.
- ¡ah! Pero no es que yo sea realmente azul… y el mar sí lo es.
Ozo Peluchozo rió, e Ignacio tubo que sujetarse con más fuerza, porque la risa de Peluchozo hace que todo su cuerpo tiemble.
- ¿Nadie te lo ha contado?-Peluchozo bajó a Ignacio de su hombro, porque cuando contaba una historia le gustaba mirar a los ojos de quien le escuchaba.-¿Puedes creer que hace años tu padre El Rey, fue también un príncipe?
Ozo Peluchozo se sentó en la arena, y puso a Ignacio sobre su rodilla derecha. Se aclaró la voz y empezó:
- Cuando tenía un par de años menos que tú, Eduardo Azul salió paseando con una cesta de Picnic y con mi abuelo Ozo Pardo por esta misma orilla. Aquellos días, el Mar de la Araña era solo el Lago Estrella. Y allí, donde están esos árboles tan frondosos, fue donde pararon a comer.
El Príncipe Eduardo, era realmente un Príncipe Azul y el único que podría hacer honor al nombre. Sus manos, su cara y toda su piel eran azules, y hasta su pelo, ahora totalmente blanco, tenía un gracioso brillo azulado cuando el sol lo bañaba. Los médicos reales le habían dicho a su madre que eso era porque había tardado mucho en nacer, y que se le iría con el tiempo. Pero como los años pasaban y seguía igual, tus abuelos decidieron hacer correr el rumor de que el color se debía a su origen Divino, que su Sangre era Azul.
Pues bien, Eduardo Azul y Ozo Pardo salieron de Picnic una mañana que parecía muy soleada. Comieron nada mas llegar, y luego se pusieron a jugar a la pelota hasta que estuvieron bien cansados. Como Pardo no quería seguir corriendo, decidieron jugar al escondite, y mi abuelo fue quien se quedó contando en uno de los primeros árboles.
Ozo Pardo tardó más de la cuenta en llegar al acordado número ciento cincuenta, porque la abeja Dulcinea (que casualmente vivía en ese mismo árbol) le invitó a miel con nueces, y ese es el postre favorito de mi abuelo.
Para cuando dijo ‘Ciento cincuenta, y voy’ ya estaba atardeciendo, y el cielo parecía estar lleno de nubes oscuras y amenazadoras.
Eduardo Azul se había quedado profundamente dormido en su escondite sobre la copa del nogal, y no oyó como Ozo Pardo le llamaba pidiéndole que saliese para volver al palacio.
Dezpiadada la Araña, también vivía en aquel árbol. Cuando vio a Eduardo pensó que nunca había comido un niño azul, e imaginó cómo debía ser de sabroso. Observó a Ozo Pardo adentrarse en el bosque mientras amasaba su veneno, y comenzó a embadurnar a Eduardo, feliz y contenta porque el príncipe tenía un sueño muy profundo y no lo notaría hasta que llegase a la cabeza.
Dulcinea estaba recogiendo sus alas de recambio tendidas fuera de la colmena, porque sabía que iba a llover, cuando escuchó un grito procedente de las ramas más altas. Voló en silencio entre las hojas hasta que vio a Dezpiadada tarareando una canción mientras con sus patitas daba forma a un bulto blanco con forma de niño.
Horrorizada, Dulcinea calló en picado, y remontó el vuelo casi al llegar al suelo. Buscó a Pardo, que afortunadamente también había escuchado el grito y estaba muy cerca y le dijo lo que había visto.
La tormenta comenzó a descargar todo el agua de las nubes sobre el bosque. Ozo pardo era muy grande intentar subir al nogal ye intentó moverlo apoyando todo su peso en él.
Dezpiadada calló patas arriba a la tercera sacudida, y tras ella, una fina lluvia de gotas azules, que fueron diluyéndose en el pequeño torrente de agua que llegaba del bosque.
Cuando mi abuelo ya estaba completamente desesperado, llegaron a caballo los guardias reales, y uno de ellos subió hasta la rama donde Dezpiadada había dejado a Eduardo.
En vez de un niño encontró un ovillo azul chorreando tinta. Cuando lo partió con su espada encontró dentro al Principe Azul, pero completamente blanco. El veneno de Dezpiadada y la seda con que lo había envuelto habían absorbido todo el color. Fue el color Azul el que le salvó…
- Y la tinta azul mezclada con el agua de lluvia… – Comenzó Ignacio.
- …Fue a parar al Lago Estrella, que se convirtió en un Mar Azul.
Inspirado en una frase de El cuentacuentos.
Una mañana cualquiera
22, Octubre, 2007
Es una mañana cualquiera, de cualquier mes no bisiesto, en un lugar muy cercano. Ella se levanta de la cama con los ojos muy abiertos, pese a que tiene la persiana bajada, las cortinas cerradas, y a que no ha encendido ninguna luz.
Imagínate que esa noche, la anterior a ésta mañana en particular, ella tenía frío. Además de engrosar su cama con una manta más, se puso el pijama nuevo de felpa a cuadros.
A su lado en el suelo, junto a la mesilla de noche, yace de mala manera la bolsa de agua caliente (ya fría) que se escurrió cuando ella estuvo pasada de vueltas. La ha pisado con los pies descalzos, pero bien embutidos en los calcetines de lana con deditos. La impresión de haber pisado a el gato la acompañará toda la mañana.
Otro día, ella habría encendido la luz lo primero de todo, pero anoche se le fundió la bombilla de la lamparita justo cuando le quedaban dos páginas para saber si Dorian abandonaría o no a Sybila.
Él está roncando a su lado, boca abajo, la cabeza ladeada, la babilla deslizándose hasta el almohadón… durmiendo sobre la sábana, las dos mantas y manteniendo sólo la pierna izquierda bajo el edredón.
Imagínate que esa noche, la anterior a ésta mañana en particular, él llegó a casa después de una supuesta reunión de negocios con un amigo de toda la vida. Él no tenía frío. De hecho, el llegaba muy calentito.
Después de tirar las llaves, la chaqueta y la corbata, en ese orden, sobre el Poto de la entradita, acariciar al gato y olisquear la nevera en busca de algo que no encontró, notó que ella no estaba esperándole en el salón.
Con todo su temple y saber hacer, se desvistió al tiempo que trataba de apuntar centrado en la taza del váter. Subió muy lentamente a la planta superior, conteniendo la respiración en cada uno de los escalones hacia el dormitorio. Tropezó dos veces, pero de forma muy poco ruidosa, por supuesto. Como la puerta estaba entornada, se deslizó sigilosamente hasta su lado de la cama. Ella dormía, respirando bien fuerte, así que pensó que mejor esa noche no, mientras levantaba capa tras capa de tela, para luego volver a ponerlas en su sitio y optar por dormir ‘por sobre todas las cosas’.
Ella se había fingido dormida, y cada vez que él, ya en su mundo onírico, comenzaba a relajarse, ella se daba la vuelta en la cama de forma indiscutiblemente ruidosa, suspiraba sonora y prolongadamente y volvía a imitar a una bella (pero friolera) durmiente.
Ahora por la mañana es cuando ella, con el corazón en un puño y la vista fija en la pantallita iluminada del despertador digital dibujando las 7:15, trata de decidir si es mejor subir la persiana de golpe o poner en la mini-cadena a todo volúmen el Umbrella de sus clases de fitness. Opta por tomar la linterna de buscar caracoles de él, que anoche usó para seguir leyendo cuando la bombilla se fundió, y le apunta a la cabeza con ella. Nada.
De pronto ella tiene una revelación y ríe orgullosa. Pone sus manos heladas sobre la espalda desnuda del durmiente y oye como resultado un grito de pánico que despierta incluso a el abuelo que se había quitado el audífono, la dentadura y las gafas postizas y dormitaba en la habitación de al lado.
- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh!
- Cariño, ¿llegaste muy tarde anoche?-dice ella con voz melosa- Porque no te oí llegar.
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Es una mañana cualquiera, de cualquier mes no bisiesto, en un lugar muy cercano. Ella se levanta de la cama con una sonrisa, descorre las cortinas, levanta la persiana, y se acerca a él con seguridad. Le abraza y le besa en los labios.
- Creo que el abuelo estará aún dormido.
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Se cumplen 100 frases en El cuentacuentos. Esta semana es para los relatos con frase libre. Unos cuantos más, aquí.
Nos vigilan.
23, Agosto, 2007
Originally uploaded by Voetmann.
Alguien que caminaba delante de mí esta mañana (8.30 a.m.) comenzó a ulular [era una especie de sonido lechucil, pero intenso y agudo, sin duda un reclamo...] y luego me miró de reojo.
Sentí miedo y comenzé a ver en ese tipo una forma de extraña de caminar, y como poco, hasta de respirar.
En un segundo, mi alocada mente dibujó a un grupo de zíngaros apareciendo por el cruce de la siguiente manzana, caminando hacia nosotros. Estaba cerca de la oficina, así que me apresuré en entrar al portal y subí corriendo al ascensor, con un corazón desbocado y asombrado.
Alguien me aseguró hace poco que una chica como yo no debería ir sóla por la calle a esas horas, que era mejor que viniesen a buscarme en coche.
Dejando de lado el porqué un tipo ulularía a esas horas…
…¿Por qué me llenan la cabeza de absurdas ideas? Es increible como algo a lo que en un momento no das importancia es guardado y almacenado en tu subsconsciente, esperando el momento de formar parte de tus fantasmas diarios.
No quiero tener miedo de salir sola a la calle, ni tener que medir mis pasos con las ruedas de un coche.
“La fábrica de sueños cerró por vacaciones”
13, Julio, 2007
-‘La fábrica de sueños cerró por vacaciones’.- leyó Sonia en voz alta. Cerró el libro con cuidado y arropó un poco a Nacho, que la miraba con los ojos muy abiertos.
- Pero mami – protestó Nacho – la gente también necesita soñar en vacaciones, ¡no puede cerrar!.
- Los duendes de los sueños han trabajado muy duro todo este tiempo – aseguró ella, sonriente. – Prepararon muchos sueños, los suficientes como para que todos los niños tuviesen en los suyos este verano.
- ¿Y si se confundieron y a mi no me dejaron ninguno? -el niño la miró preocupado- puede pasar ¿no?
Nacho se incorporó en su cama y puso su mano sobre las de su madre. Sonia le empujó suavemente para tumbarle de nuevo y le volvió a tapar.
- Yo te daré entonces los míos de cuando era una niña.
- ¿tu también fuiste una niña?
- Sí, hace algunos años. ¿Y sabes algo? Yo fabricaba mis propios sueños. – Se levantó- A ver… cierra los ojos, sí, así, muy bien. Respira hondo unas cuantas veces. Cuando yo salga de la habitación tienes que estar un ratito mas así. Empezaras a sentir como los ojos te pesan. Entonces el arenero te rociará con sus polvos mágicos. Eso pondrá en marcha la maquinaria de los sueños y…
- ¿Pero el arenero no va de vacaciones?
- Nacho…
- ¡pero mamá!
- Está bien. Te contaré otra historia más para que puedas soñar con ella.
Sonia se sentó al borde de la cama y acarició el pelo del pequeño. Apagó la luz y comenzó, con voz muy suave.
Tiempo atrás un príncipe muy pequeño, del tamaño de un botón, decidió dejar el castillo dónde vivía para buscar aventuras.
El príncipe Ignacio, que así se llamaba, estaba muy preocupado, porque su reino había caído bajo un terrible maleficio: nadie podía soñar. Todos se pasaban el día bostezando y estaban muy cansados, pero cuando sus ojos se cerraban, sus cabecitas se quedaban en blanco, un blanco tan brillante y puro que les escocía en los ojos y tenían que abrirlos por miedo a quedarse ciegos.
El príncipe Ignacio salió del castillo una noche en la que el cielo estaba salpicado de estrellas y sobre el cielo flotaba una gran luna llena. Como era tan pequeño, siempre iba con su mejor amigo Ozo Peluchozo. Y desde el sombrero de Peluchozo dio un beso a su madre que lloraba de emoción al ver lo valiente que era su hijo, y trató de abrazar a su padre , que le dijo lo orgulloso que estaba de él.
- Busca a la Gran Hechicera Synnove - dijo su hermana de las puertas del castillo. ¡Ayúdanos, príncipe Ignacio!
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Escrito con la frase de la semana de el cuentacuentos.
Dedicado a mi hermanita que está en el hospital. Me voy de vacaciones así que… ¡pasadlo bien! ¡¡yo lo intentaré!!
El ángel
9, Julio, 2007
Los hombros del ángel se estremecían mientras lloraba.
¿Y tú qué hacías? Le mirabas embobado, con la mente en blanco y sin intención de decir nada.
Un ángel es algo demasiado grande para ti, nunca podrás entenderlo. Cuando un ángel deja que le veas, o tú estas perdido, o él te necesita.
Y tú debías haberlo ayudado.
¿No recuerdas cómo se te apareció? Tu volvías de una fiesta, con los ojos medio cerrados y un ligero dolor de cabeza. Toda la calle estaba vacía y bastante oscura. Podríamos buscar motivos, pero no viene al caso.
El te tocó el hombro cuando metías la llave en la cerradura. Diste un salto y le pisaste un pié. Te giraste para ver a un tipo en camisón que lloraba en silencio a tu lado. Luego te deshiciste en excusas porque pensabas que era porque tú lo habías pisado.
Te metiste en casa y le diste con la puerta en las narices, pero él te estaba esperando en el sofá del salón, abrazando su estómago con los brazos, ligeramente inclinado. Viste unas alitas pequeñitas en su espalda y algo en tu interior te hizo sentir abatido. Te sentaste en el suelo a sus pies, y comenzaste a escuchar.
Ángel había bajado a la tierra para ayudar a Elena. Ella había dejado de creer en el amor desde que un hombre se le había roto el corazón y él tenía que ayudarla a recuperar la ilusión.
Todo había ido bien, Elena era una chica muy sincera y se había confiado a Ángel desde el primer momento. Él la acompañó cada día, enseñándole lo maravilloso de un amanecer, de una sonrisa o de un pajarillo cantarín.
Al principio no fue fácil, pero poco a poco, Elena fue recuperándose. Y Ángel descubrió lo maravillosa que era ella en realidad. Creo que se enamoró.
Pero la felicidad suele tener fecha de caducidad. Elena no se daba cuenta de lo que sentía Ángel. Y un día se cruzó contigo y volvió a sentirse mal, tan mal que no miró al cruzar la calle y un coche la atropelló. Estaba muy grave.
Habías sido tú quien rompió el corazón de Elena meses atrás, pero no te acordabas de ella. ¿Elena, Sara, Lucía? ¿qué más da un nombre que otro? Para tí el nombre había sido siempre lo de menos.
Ángel te pedía que fueras al hospital a pedirle perdón y que ella pudiese pasar página al fin . Se culpaba por no haber pensado que lo primero que debió hacer, en vez de mirar sus enormes ojos de color miel era buscarte.
Asentiste, aún embobado por el áura de Ángel, miéntras él desaparecía.
Ya ha amanecido y aún estás en tu casa… sé que no te vas a mover. Una parte de tí está consumiéndose, pero puede mas tu orgullo. Tenías que haber ayudado al ángel. Te tenías que haber ayudado a tí mismo.
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Escrito para la frase de la semana de el cuentacuentos.
La vida al otro lado.
3, Julio, 2007
EspejoOriginally uploaded by synn_s.La mirada que le devolvió el espejo no era la suya. Lo movió un poco y miró un pequeño trozo de cielo azul salpicado de flores. Volvió a mirarse sin creer lo que veía.
- Cuando uno pasa mucho tiempo con unos amigos borrachos, termina pareciéndose a ellos – le había dicho su madre hacía tiempo.
¿Y si uno pasa mucho tiempo entre hadas y nínfas?
Sus manos habían empezado por ser mas finas, y con el tiempo, todo su cuerpo dejó de tener la forma masculina que debía para hacerle parecerse a…
No podía ser. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿dos semanas? ¿Y dos semanas rodeado de mujeres le había llevado a parecer una nínfa?
Su nariz seguía siendo fina, y sus ojos claros, pero la piel entorno a ellos era suave, sus pestañas largas y sus labios carnosos.
Y eso no era todo: Había empezado a disfrutar del sonido de la lluvia sobre las hojas, y del canto de los pajarillos.
Muchas tardes se sorprendía bailando en torno a un pequeño alado que entonaba animadas melodías.
¡¿Quién le salvaría ahora?! Si ella volvía a buscarlo no le reconocería. Ni siquiera su voz era la misma. ¿Y quién quiere vivir para siempre en un bosque? Subir a árboles y nadar desnu… desnuda en lagos cristalinos…
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Escrito siguiendo la frase de la semana de el cuentacuentos.
Y esto es algo que escribí hace tiempo.


