Colocaba la trastienda

21, diciembre, 2006

Colocaba la trastienda cuando comenzaron a sonar las sirenas, aunque el ruido del exterior era lo de menos, no le presté atención.

Mientras apilaba una caja sobre otra, mi mente viajaba entre las nubes. No percibía el olor a polvo, ni el crujir de mis pasos en la vieja tarima.

– Empacar, empacar.- me repetía, cuando lo que de verdad pensaba era en mi compañero, que estaba fuera despachando a los últimos clientes de la tienda.

Cerrábamos esta noche, y no volveríamos a abrir. Cerrábamos y no le volvería a ver.

Retrocedí unos pasos con un montón de libros en los brazos, nostálgica ya de su perfil egipcio y de sus ojos claros.

Un portazo me sacudió de mi ensueño y repartió todos los libros por el suelo.

– Te necesito, Sienna.

Él estaba sujetando la puerta, y me miraba con intensidad. Se acercó a mí y me tomó por los hombros con sus manos de pianista. Muchas veces me había imaginado tan cerca de él como ahora, sintiendo su aliento, mordiendo sus labios y cediendo a la lujuria.

Vi la preocupación en sus ojos y me despejé.

– Tienes que esconderme – su voz susurrada sonó urgente, pero segura.

Avanzó hasta un enorme baúl que nunca había llamado mi atención, y sacando la llave de una cadena que llevaba al cuello lo abrió.

No parecía tener nada, ni se veía su fondo. Él se giró hacia mí y puso la llave en mi mano.

Cuando entre, ciérralo. Espera a que se hallan ido y nadie pueda sorprenderte para abrirlo de nuevo. Entra a buscarme… pero no cierres la tapa tras de ti o no podremos volver.

– ¿Qué quieres decir con entra a buscarme? – pregunté angustiada.

Él me besó en la mejilla y comenzó a meterse en el baúl.

La puerta de la trastienda se abrió de golpe y todo se llenó de luces. Pude escuchar por primera vez el sonido de las sirenas. Me giré y él ya no estaba.

Más historias en el cuentacuentos.

***

Me voy de vacaciones al pueblo de mis padres :). Volveré el año que viene ¡con más ganas que núnca!.
Felices fiestas, y un brindis porque sigamos en contacto.

pd. ¿os he dicho que el 29 es mi cumpleaños? 😀

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Dicen por ahí…

20, diciembre, 2006

En los dos últimos días, nadie intenta sentarse conmigo en el autobús. La cosa tiene su gracia, sobre todo porque al menos ningún tipo gordote me arrincona contra el cristal, pero me hace parecer rara.

¿será mi corte de pelo? ¿será mi enorme trasero?

Esta mañana, ni siquiera la gente que solía sentarse hace un par de meses lo intentó. Ni si quiera esos viejos conocidos que tengo tan olvidados.

Y entonces la ví a ella. Iba con su madre, embarazadísima y muy abrazable, lo admito. Se me derritió el corazón. Pero eran las siete de la mañana, llevaba dos meses sin verla y no le dije nada mas allá de un tímido “hola” aunque por dentro moría de ganas de preguntarle por cada detalle de su vida sin mi.

Soy lo peor.

Sí es ella, mi amiga, la que se casó hace poco, y a la que escribí una carta que nunca obtuvo respuesta.

Y el mundo siguió girando aunque yo no estuviese allí. Pero por cada parte de ella que pierdo, algo en mi se vuelve diferente.

pd. Este post lo escribí la semana pasada, pero no lo publiqué. A día de hoy, el bebé ha nacido, dicen que es precioso y que ella no está bien.

El sábado comenzará

18, diciembre, 2006

El sábado comenzará nuestra historia.
Imaginemos que debería ser un día especial, esperado desde hace mucho tiempo. Podría ser el día de tu cumpleaños.

Cuando despiertas, procuras que tu pié derecho sea el primero en pisar el suelo. Alargas la mano y apretas el botón que hará que suene tu canción favorita, seleccionada el día anterior para que tu humor sea especialmente bueno.

Sonríes mientras descorres las cortinas, y la luz de la mañana entra en tu habitación.

El olor a tostadas recién hechas, llega a tí desde la cocina. Decides no desayunar en piyama, y mientras te pones tus pantalones favoritos, piensas en lo bien que va a salir todo.

Pero del cajón de los calcetines cojes el único par que tiene un agujero en el dedo gordo del pie izquierdo. Eso no es buena señal, así que lo que harás, para no tentar a los hados del infortunio, es ponerte encima los calcetines nuevos que la semana pasada te envió por correo la hermana de tu madre, que siempre se adelanta a las fiestas.

No importa que sean blancos con topos rojos, tu pantalón negro es lo suficiente largo, no se verá.

Cuando llegas a la cocina, un no-invitado sorpresa estará dando el primer bocado a tus tostadas. Sí, habrá juntado ambas tosatadas a modo de bocadillo, y habrá usado en final del bote de mermelada extra. Te dará un sonoro y pringoso beso con olor a albaricoque mientras exclama:

– ¡pfelipfcipfdapfdepfs!

El sábado podría ir bien, pero no lo irá, precisamente por que es lo que buscas.

La visita durará más de lo previsto, no te llamará esa persona tan especial, y cuando la sal se derrame creerás que el mundo es terriblemente injusto contigo.

Sí, estoy de acuerdo, eres un poco gafe, pero no importa. Ten paciencia.

Despertarás al día siguiente, pisando con los dos pies, sin molestarte en apretar el botoncito para escuchar tu música.

Te fijarás que el reloj digital vuelve a marcar un sábado, y antes de que el olor a tostadas llegue a tu habitación saldrás corriendo a la cocina.

Habrás tropezado con la ropa sucia que ayer amontonaste en medio de la habitación, pero reirás satisfecho cuando seas tu quien use el final del bote de mermelada extra.

Tu visita se reirá de tu piyama del ratón Mickey. Y eso te avergonzará un poco pero seguirás teniendo tus tostadas controladas.

La visita se incomodará cuando insistas en que has quedado fuera de casa para comer, un compromiso ineludible. Por supesto no será cierto, pero comerás en una pastelería para no derramar la sal, y el subidón de azúcar en demasía que habrás tomado, hará que llames tú a esa persona tan especial, y que al descubrir que no sabía que es tu cumpleaños, quedéis para tomar algo.
Digamos que nada más que sea dulce, pero tampoco querrás un salero cerca.

Reirás con esa persona tan especial mientras decidís no ir a ver la película ‘Dejavu’ porque no te trae buenos recuerdos.

El sábado terminará con un beso romántico pero corto, porque el ratting de tu día será apto para todos los públicos.

Más historias en el cuentacuentos.

De olvidos y recuerdos.

13, diciembre, 2006

Aunque me gustaría comentar que no pude subir al metro hoy, no lo haré.

Ayer me encontré en medio de un arranque de euforia bastante avergonzante. Escribí prosa poética, pero afortunadamente, nadie lo leyó o lo leerá…

Decía (yo, a mí misma) lo feliz que era. ¡qué valor! y aseguraba que aunque había malos momentos, le superaban los buenos… ¡qué desfachatez!

El problema es un escesivo positivismo, y una muy mala memoria. Pero que muy mala.

Hasta llegar al qué feliz soy, deambulé por mis momentos más lúcidos. Uno de ellos fué mi examen teórico de conducir. Recordé cómo no conocía a nadie, pero terminé al lado de una gente maravillosa que me traró como si me conociesen de siempre.

Debe ser el otoño, que me encanta.

  • otoño en madrid
  • – El sonido de los árboles me tranquiliza.- dijo la niñita pelirroja sin parpadear.

    Su amiga estaba tumbada a su lado, en el césped. No abrió los ojos, pero arrugó la nariz.

    – Tu no eres nerviosa…
    – Pero me tranquiliza.
    – Además, los árboles no suenan.

    Las dos niñas se habían sentado ahora, una frente a la otra, con las piernas cruzadas.

    – ¿tienes serrín en la cabeza?- la niñita morena cruzó los brazos. – Los árboles no hablan, no respiran, no piensan. ¿cómo van a hacer ruidos?
    – Cierra los ojos y escúchalos.- respondió la pelirroja.- Solo tienes que intentarlo.
    – ¿y oír qué? – suspiró su amiga, incrédula.
    – Primero el sonido de las hojas secas, al pie del árbol, su último suspiro, un suave y profundo llanto, porque saben que no volverán al árbol y eso les dá miedo.
    – ¿tu crees..?
    – Luego a sus hermanas, las hojas que aún están en las ramas, con un leve castañeo, más fuerte y alegre en las alturas, siempre acompañadas del ronroneo de las ramas mas fínas jugando con el viento.
    – No puedes decirlo en serio…
    – Pero si sigues escuchando, si consigues olvidar a las hojas, y las ramas, si puedes dejar de pensar en todo lo que te rodea, comenzarás a sentir el verdadero sonido.

    La amiga se había callado, tenía los ojos de nuevo cerrados y trataba de escuchar.

    – Lo sentiras en tus pies, porque viene diréctamente del árbol a la tierra, y ella te lo acerca a tí. Es como el sonido de un tambor, pero muy suave. Es casi como un latido… es el álma de los árboles, y si consigues escucharla, no podrás creer que exista nada mejor.

    La niñita pelirroja miró a su amiga, se había vuelto a tumbar y parecía profundamente dormida.

    – Tranquiliza ¿eh? – dijo, pero nadie la respondió.

    Más historias en cuentacuentos.

    Consentida

    5, diciembre, 2006

    Tengo que admitirlo, soy una consentida. El mundo me ha hecho así, y no se lo reprocho: la situación en sí trae bastantes alegrías.

    Me he dado cuenta porque ya no me gusta que me lleven la contraria, me enfado con facilidad, y aún así cada día tengo mi dosis de mimos en espera para ser recibidos.

    Tiene sus muchas cosas negativas, cierto. Pero no las vamos a buscar…

    ¿cómo he llegado a ésto? Quizá habría que analizar mi vida desde el principio, y es lo que me propongo a hacer. No ahora, con el tiempo… post a post.

    Es el momento de cambiar, de dejar de así.

    Metas:
    – Ser positiva.
    – Pensar antes de hablar ((Sobretodo, antes de gruñir)).
    – Cuidar de los demás, pero sin meterme demasiado en sus vidas ((¡NO A LA DEPENDENCIA EMOCIONAL!)).
    – No creerme el centro del mundo ((y no intentar convencer a nadie de ello)).