Dos niños.

27, noviembre, 2007

– … El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación…

La lluvia de estrellas relampagueaba en el cielo aquella noche. Kaley escuchaba con tristeza el discurso de Prímulo mientras miraba el cielo.

– … porque mientras la sonrisa de un niño ilumine mi cara, la esperanza de un mundo mejor seguirá…

Lo cierto es que no le escuchaba. Su cabecita estaba en el negro firmamento, surcándolo a mucha velocidad subida sobre una de las estrellas que se desplegaban sobre ellos.

Prímulo proseguía con su discurso, ajeno a el espectáculo de fuegos que les rodeaba, muy lejos también de aquel monte y de Kaley: A su alrededor cientos de cabezas se giraban al unísono para mirarle y seguían con fervor cada una de sus palabras, aplaudiendo cada gesto que él hacía.

Kaley y Prímulo eran hermanos. Cuando ambos eran pequeños, sus padres se habían divorciado, y cada uno de ellos se había ido a una ciudad distinta.

Kaley vivió mimada en exceso por una madre que le consentía todo. Prímulo recibió toda la frustración de un padre que no supo rehacer su vida y que le culpó de su infelicidad.

Podría decir que ambos sabían que algo les faltaba, pero no sería cierto, porque las mentiras de los padres rellenaron los huecos en las vidas de esos dos niños, confundiendo sus realidades.

Kaley y Prímulo se reencontraron por casualidad cuando él puso un anuncio en el periódico para buscar un asistente para su campaña y ella respondió al mismo. Aunque se conocieron de inmediato, sus reacciones fueron opuestas: Kaley corrió a abrazar al hermano desaparecido que su malvado padre había secuestrado un día, y Prímulo se quedó helado al ver a la hermana que no había querido saber nada de él cuando se sintió tan solo.

Incluso en ese momento, después de haber trabajado juntos toda la campaña, de haber hablado con calma de sus frustraciones, son como dos extraños. Son esos dos niños que no se conocieron…

– Kaley, ¿crees que enfatizo demasiado?

– ¿mmm?

– El discurso…

– ¡oh! El discurso es perfecto, López es el mejor guionista que podíamos tener.

Partiendo de la frase de la semana de El cuentacuentos.


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Un paseo…

20, noviembre, 2007


PASEO
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El camino.

19, noviembre, 2007

– El camino era tan estrecho que se hacía difícil caminar erguido sin caer. En ese momento era recto, pero hacía poco había marcado una sinuosa uve doble, franqueado por altas paredes de roca. A la derecha el muro desapareció y el camino parecía cortado a cuchillo, mientras continuaba estrecho y empinado. No quise mirar más abajo de lo estrictamente imprescindible para saber por dónde pisaba. Algo calló del cielo y me golpeó el hombro derecho, no pude ver que era. Seguí caminando intentando ir mas deprisa. Hacía calor. Creo que yo iba quitándome la ropa a cada paso, porque se me pegaba a la piel.

– ¿Fue entonces cuando apreció ella?

– Era como una diosa.

– La mujer parecía una diosa, muy bien, siga.

– Primero vi su pie descalzo, con un anillo azul en el dedo anular y el tatuaje de un sol en el tobillo. Mientras yo la recorría con la mirada, ella permaneció muy quieta, como esperándome. Su piel era dorada y olía a azahar, sus ojos… 

– ¿Se acercó a ella para olerla?

– No, ella tendió su mano hacia mí, me indicó que fuese con ella y se dio la vuelta. Comenzó a andar. Justo en ese momento la tierra comenzó a temblar.

– ¿Ella notó como la tierra temblaba?

– No, ella siguió andando, pero yo tropecé. No podía llamarla, no salía ningún sonido de mi garganta. La veía alejarse, pero no podía gritarle, ni moverme, ni pensar en nada que no fuera el hecho de estar perdiéndola.

– En ese momento ¿dónde estaba usted?

– En el suelo de mi casa.

– ¿No estaba en un camino estrecho?

– No, parpadeé y me encontré en el suelo del salón.

– En el suelo del salón, muy bien.

– Estaba tumbado, agarrando el mantelito de la mesita auxiliar.

– ¿Desnudo?

– Sí.

– ¿Y ella?

– Ella no estaba. Yo estaba solo.

– ¿Dónde?

– En el salón de mi casa, yo solo, desnudo y con el jarrón de flores que Judith me envió tirado a mi lado.

– Desnudo y solo, muy bien.

– Me había caído encima el agua del jarrón y las flores…

– ¿Azahar?

– Sí.

– Judith le envió Azahar y usted lo puso en un jarrón sobre la mesita auxiliar.

– Así es.

– Y usted se lo tiró encima. Y estaba agarrado al mantelito, des…

– ¡Sí, desnudo y solo! ¡¡puede hacer el favor de no repetirlo tantas veces!! ¡¡Me hace sentir idiota!!

– Muy bien, siga. Volvamos a la diosa.

– Creo que tiene usted razón, doctor. Estos episodios son cada vez mas frecuentes, y siempre los tengo cuando algo me recuerda a Judith.

– Es posible que ella sea el desencadenante.

– ¿Y qué puedo hacer?

– Debe seguir con su vida, pasar página.

– Esta sensación de quemazón en el pecho, ésta ansiedad… sólo terminan cuando estoy con mi diosa, en su mundo.

– Debe aceptar que ella no existe, y que Judith ya no está.

– Judith… ¡Judith no está! Judith-no-está.

– Muy bien, ¿Y porqué no está?

– Porque Judith… murió.

– Muy bien José. Ahora, tomate esta pastillita. Tienes agua en la mesita, al lado del diván.

Más historias, con el mismo comienzo, en el cuentacuentos.

Diez Preguntas

16, noviembre, 2007

Dedicado a Scry, que me invitó a contestar… ¡y con invitación a quien quiera hacerlo!

1. Coge el libro más cercano, ve a la página 18 y transcribe la línea 4.

 “Creo que era una excelente época para ser soldado, pues podías elegir el campo de (…) ” Anne Rice – Vittorio el Vampiro.

2. Cuenta lo último que viste en la tele.

A Pablo Motos entrevistando a Kyle XY… [es taaan guaaapooo ^suspiro^] .

3. Aparte del ruido del ordenador, ¿qué más se escucha en este momento?

Lifehouse. You and me. Estoy romantico-tristona…

4. ¿Cuándo te reíste por última vez?

El domingo, en un parque disfrazado de otoño, jugando a tirar hojas al aire… MONTONES DE HOJAS DORADAS.

5. ¿Qué hay en las paredes donde te encuentras ahora mismo?

Estanterías, un calendario de Noviembre sin fotos, el aparato de aire acondicionado…

6. ¿Cómo estás vestido/a en este momento?

De naranja y negro, pantalón largo, jersey, zapatos de vestir.

7. Algo que los bloggers no sepan sobre ti.

Mi nombre real no es Synnove… ya me gustaría, jejeje

8. ¿Cómo son tus manos?

Dicen que grandes y finas. Alguien a sujerido alguna vez ‘manos de guitarrista’ o  ‘manos de arañita’, pero son muy blancas. De pequeña las dibujaba a carboncillo y a lápiz en diferentes poses para aprender dibujo artístico.

Yo las veo de lo más normal.

9. ¿Qué ves desde tu ventana?

Un parque, medio verde, medio naranja.

10. ¿Qué imagen podría definirte?

¡Soy indefinible!

Pero, ¿Por qué no? Esta es mi mano, acariciando a Peluche. Sólo la veo los fines de semana, y se pone tan contenta al verme que no para de seguirme hasta que le acaricio las orejitas y la tripita.

Melfo

12, noviembre, 2007

  – ¿Qué haces?

– Ver porno. ¿Y tú?

– Pensaba en ti.

Melfo sonrió, enseñando a Mada sus dientecillos picudos.

– ¿Y en qué parte de mí pensabas?

– Demasiada humanivisión por un día. – Mada desconectó la bola de cristal-Tenemos que hablar hombrecito.

– Ver porno humano no me va a humanizar… – Melfo protestó, quitándose el sombrero verde y sacudiéndolo cerca de la cara de Mada. Ella se apartó cuando una cucaracha saltó a su cara hasta casi morderle la nariz.

– ¡Eres insoportable Melfo! ¡Tus modales no podrían ser peores si fueses humano! 

– ¿No huelen mis pies a tierra mojada, igual que mi cabeza? ¿No mido 70 centímetros y medio? ¿no es mi piel verde? Jamás seré humano.

– Te pasas el día viendo sus culebrones, y me llenas de basura la bola de cristal… ¡Ya no eres la criatura de la que me enamoré!

Melfo retrocedió asustado. Sacándo uno de los bolsillos de su chaleco, intentó limpiar la bola de cristal con el.

– No pasa nada, Madita mía. Sigo siendo el mismo… es sólo que los estudio… ya sabes, para Mruja Negra… la jefa. Quiere que le cuente todo sobre ellos.

Mada hizo un puchero, y Melfo se estremeció.

– Sabes que tú eres la reina de mis sueños… Minframundo no tendría crepúsculos sin tí…

– ¿Dejarás de descargarte porno en mi bola?

– Mada, ¡si no hago nada malo!

Más historias con el mismo comienzo, en el cuentacuentos.

Puesta de sol

8, noviembre, 2007




Puesta de sol

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Ni el atardecer mas bonito puede alejarme de él.

No quiero verlo, pero insiste… y no puedo ser rotunda cuando miro su carita y me devuelve la mirada mientras me reprocha que no fuí a verle.

Insiste en quedar conmigo, y no quiero ir, pero no puedo evitarle porque me conoce lo suficiente para saber por donde me muevo. Ya no le importa quién le vea, o quién lo sepa. Parece desesperado.

Éste fin de semana, mientras tomaba la foto, pensaba que estaba consiguiendo estabilizarme, y que casi era feliz… pero ha tenido que volver y decirme que no ha parado de buscarme, ha tenido que aparecer para estropear mi serenidad.

¿Por qué?

Tú y yo.

6, noviembre, 2007

A MiniOnion photo.5

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Una mancha de vino en el mantel. Tú y yo enfrentados en la mesa, y entre nosotros tan solo la mancha y nuestro silencio. Esquivando miradas y sonriendo nerviosos esperamos, preguntándonos quién será el primero que hable.

En otra mesa una pareja discute. Él tira su servilleta a la mesa, chocando ésta contra la copa, y creando una nueva mancha de vino. “Siempre has sido un cretino” dice ella levantándose “Ve a dormir con tu amiga Flavia“.

Cerca de ellos, un bebé comienza a llorar. Una mujer joven lo coge en brazos y le llena de arrumacos, mientras su compañero, bastante mas mayor que ella, suspira aburrido. “No deberíamos haber salido, todo el mundo nos va a mirar” dice él tomando un largo trago de su copa de vino tinto, que luego vuelve a situar perfectamente centrada sobre la mancha en el mantel.

En la cocina, el primer ayudante corre de un lado a otro cortando, picando, mezclando. Hoy todo el mundo ha venido a la misma hora, el restaurante está completo y han tenido que doblar mesas. ¿habrá suficientes manteles?

Uno de los camareros termina de montar una mesa y deja un par de cartas a los dos hombres de otra mientras les toma nota de la bebida. “¿Un borgoña, Julio?” pregunta uno de ellos, intentando coger la mano del otro.

Cuatro chicas se sientan junto a mesa vacía, parloteando sin cesar. “Y luego nos pasamos por un boys” ríe una “¿Pero no íbamos a celebrar la despedida tranquilas?” suplica otra.

Nuestro camarero vuelve con un plato de fresas con nata para ti y un brownie para mí. Te sonrío con la primera cucharada de mi postre.

– ¿sabes? – me susurras- Yo conozco a Flavia.

Con tu mirada señalas a la chica con el bebé en brazos. Yo miro como Flavia ha conseguido calmar al bebé y lo pone en su cochecito. Antes de sentarse se acerca a su pareja y lo besa suavemente en los labios.

– ¿La Flavia con la que tiene que dormir ese infeliz? – pregunto indicando con la cabeza a el hombre que está ahora sólo en su mesa, firmando el reporte de su visa.

– Sí, ¿no es curioso que hayan coincidido esta noche aquí?

Tú me miras con tus ojos avellana, y saboreas una de tus fresas. No puedo parpadear, porque me tienes bajo tu hechizo. Te vuelvo a sonreír.

El grupo de amigos de la mesa del fondo empieza a cantar el cumpleaños feliz, abrazándose unos a otros mientras se mueven al compás.

– ¿y nosotros…? – Comienzo a preguntar.

A nuestro lado, Julián se arrodilla y le da una cajita a su pareja. “No puedo esperar al postre, Jon” dice, mientras a Jon se le saltan las lágrimas.

– Siempre recordaré éste día -dices- Tú, yo, una mancha de vino en el mantel… y el tiempo parece detenerse entre nosotros, pero no dejan de suceder cosas alrededor.

– Tú y yo – repito.

Y me embrujas con un roce de tu mano en mi mejilla. Siento que te acercas y mi pulso se acelera.

– No hay nadie. -Susurro- Sólo tú.

Y el mundo desaparece con tu beso.

Más historias con el mismo comienzo en el cuentacuentos.