El camino.

19, noviembre, 2007

– El camino era tan estrecho que se hacía difícil caminar erguido sin caer. En ese momento era recto, pero hacía poco había marcado una sinuosa uve doble, franqueado por altas paredes de roca. A la derecha el muro desapareció y el camino parecía cortado a cuchillo, mientras continuaba estrecho y empinado. No quise mirar más abajo de lo estrictamente imprescindible para saber por dónde pisaba. Algo calló del cielo y me golpeó el hombro derecho, no pude ver que era. Seguí caminando intentando ir mas deprisa. Hacía calor. Creo que yo iba quitándome la ropa a cada paso, porque se me pegaba a la piel.

– ¿Fue entonces cuando apreció ella?

– Era como una diosa.

– La mujer parecía una diosa, muy bien, siga.

– Primero vi su pie descalzo, con un anillo azul en el dedo anular y el tatuaje de un sol en el tobillo. Mientras yo la recorría con la mirada, ella permaneció muy quieta, como esperándome. Su piel era dorada y olía a azahar, sus ojos… 

– ¿Se acercó a ella para olerla?

– No, ella tendió su mano hacia mí, me indicó que fuese con ella y se dio la vuelta. Comenzó a andar. Justo en ese momento la tierra comenzó a temblar.

– ¿Ella notó como la tierra temblaba?

– No, ella siguió andando, pero yo tropecé. No podía llamarla, no salía ningún sonido de mi garganta. La veía alejarse, pero no podía gritarle, ni moverme, ni pensar en nada que no fuera el hecho de estar perdiéndola.

– En ese momento ¿dónde estaba usted?

– En el suelo de mi casa.

– ¿No estaba en un camino estrecho?

– No, parpadeé y me encontré en el suelo del salón.

– En el suelo del salón, muy bien.

– Estaba tumbado, agarrando el mantelito de la mesita auxiliar.

– ¿Desnudo?

– Sí.

– ¿Y ella?

– Ella no estaba. Yo estaba solo.

– ¿Dónde?

– En el salón de mi casa, yo solo, desnudo y con el jarrón de flores que Judith me envió tirado a mi lado.

– Desnudo y solo, muy bien.

– Me había caído encima el agua del jarrón y las flores…

– ¿Azahar?

– Sí.

– Judith le envió Azahar y usted lo puso en un jarrón sobre la mesita auxiliar.

– Así es.

– Y usted se lo tiró encima. Y estaba agarrado al mantelito, des…

– ¡Sí, desnudo y solo! ¡¡puede hacer el favor de no repetirlo tantas veces!! ¡¡Me hace sentir idiota!!

– Muy bien, siga. Volvamos a la diosa.

– Creo que tiene usted razón, doctor. Estos episodios son cada vez mas frecuentes, y siempre los tengo cuando algo me recuerda a Judith.

– Es posible que ella sea el desencadenante.

– ¿Y qué puedo hacer?

– Debe seguir con su vida, pasar página.

– Esta sensación de quemazón en el pecho, ésta ansiedad… sólo terminan cuando estoy con mi diosa, en su mundo.

– Debe aceptar que ella no existe, y que Judith ya no está.

– Judith… ¡Judith no está! Judith-no-está.

– Muy bien, ¿Y porqué no está?

– Porque Judith… murió.

– Muy bien José. Ahora, tomate esta pastillita. Tienes agua en la mesita, al lado del diván.

Más historias, con el mismo comienzo, en el cuentacuentos.

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15 Responses to “El camino.”


  1. ¿Sabes que le diría yo al doctor? Que se tomara el sus pastillas que yo me mearchaba con Judith, y que si la sigue quieriendo que le den a la realidad y ala ciencia. Malditos matasanos que mataron el amor u la felicidad 😉

    Un saludo,

    Pedro.

  2. luz de luna Says:

    Yo tampoco me tomaría la pastilla, que siga soñando con su Judith..jaja. El relato me encanta y las pastillas para el doctor…

    Besitos.

  3. ruth Says:

    el doctor muy aséptico, muy de pastillita y a dormir… que me perdonen lxs terapeutas, pero es que a veces son lo peor.. y el amor y los sueños.. no son la misma cosa?
    un abrazo

  4. Pepe Says:

    Jolines, si es que no te dejan ya ni soñar, será posible!!!!.
    Saludos

  5. kloverkirov Says:

    Un médico/psicólogo o lo que sea frío como el cristal…hay que humanizar más las cosas.

    Un besito. Encantada de volverme a pasar por aquí ^^

  6. popi Says:

    Me ha gustado el camino con forma de uve doble. Fíjate que al final me ha venido a la cabeza que, si el camino formara la palabra Judith, sería… una idea (y un camino) geniales.
    Un abrazo.

  7. Mj Says:

    Judith sigue estando, a pesar de las pastillas 😉

  8. Miki Says:

    Que se fume un peta y que vuele al lado de Judith!! Tanta pastilla tanta pastilla… pues si él es feliz con Judith que más le dará al doctor?? Aunque, sí, tb debería pasar página…

    En fin, da igual, que me ha gustado mucho!!!

    Un abrazo!

  9. Maria Says:

    Pues a mí no me ha parecido para nada raro… me ha parecido diferente y, por ahora, el mejor caminito estrecho con el que me he topado! 😉
    Muy buena historia y, sobre todo, genial vuelta de tuerca a la frase de la semana…
    Besotes y aplausos a montones!

  10. MARISELA Says:

    La historia es genial y seria donde las haya, pero no he podido remediar reirme al imaginar la cara del hombre con los ojos muy abierto explicando su vivencia, mientras el doctor apuntando, continuamente interrumpiéndolo.
    Un relato muy bueno y original.

  11. Niobiña Says:

    Los terapeutas intentan hacerte olvidar con pastillas cosas que sí que están dentro de ti, pero que el resto del mundo no puede ver…

    Yo viví algo parecido… También perdí algo y a veces tengo la sensación de que no se ha ido… Y la terapeuta intenta convencerme de que lo mejor es que lo olvide… Pero sería olvidar una parte de mi vida, algo importante para mí…

    Me ha gustado mucho. Real como la vida misma.

    Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

  12. scry Says:

    Me gusta, me gusta.
    Asi como muy… normal. pero un poco magico…
    esta chuli, sip!!!
    un besote wapa!

  13. Hellraiser Says:

    Me encantan los relatos formados por diálogos, sobre todo si son tan realistas como el que has escrito.
    Es bueno, muy bueno. Da la sensación de estar escuchando al psicólogo/psiquiatra y al paciente estando sentado junto a ellos.

    Mírate un par de faltas que tienes al principio, en “cayó” y en “apareció”; por el resto está indiscutíblemente perfecto!

    Un fuerte abrazo!

  14. ninive Says:

    Consigues tridimensional la narración. Frente a lo lineal de las palabras escritas es como si transparentaran los gestos, las expresiones de cada uno, los movimientos intranquilos del que cuenta y esas prisas por querer terminar del que escucha. El interés frente al desinterés, aparente. Porque tratas el papel del sicólogo y no es nada facil. Pero y si lo que cuentan es cierto? Y si no son alucinaciones?
    Un relato muy enriquecedor. Un abrazo


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