Perseguir al gato para hacerle fotos

Mi pobre y sufrido gato. El mismo que muchas veces posa, ya cansado de la sesión para que le deje en paz.ZAPA1

Creo que soy la persona que mas fotos debe tener de su gato. Y mira que yo no quería comenzar ésta colección, porque no quiero terminar siendo una anciana rodeada de gatos, que cuando vienen las visitas les enseña fotos de gatos… pero ¡oh Dios mío! Cuando le enseñé a Zana la foto de mi gato echando una siesta comprendí que estaba empezando a rozar la locura. Tengo que dejarlo.

Por lo que yo  veo, han surgido varios problemas:

1- Un gato, aunque parezca que te entiende, no es una persona. Aunque sea buena compañía no deja de anunciar que si se convierte en tu mejor amigo, tu vida social es muy pobre. No debemos llegar a eso.

2- Mi alergia al pelo de gato. Le acaricio la barriguita, le estrujo, le abrazo, y luego vienen los granitos y los estornudos. ¡¡¡SYNN, DEJA YA DE PERSEGUIR AL GATO!!!

3- Mis álbumes digitales solo tienen fotos de gatos y plantas. Bueno, y de la hija de unos amigos, que soy su fotógrafa oficial 🙂 Si sigo así, la gente pensara que estoy obsesionada con los gatos y comenzarán a regalarme gatos [tal y como ocurrió con mi colección de piedras].

Así que… bueno, un último photoshoot.

 ZAPA2

P.D. jajaja, no sé si podré dejarlo.

Anuncios

 

Desde Ikea publican un video:

Seguido de un lema:

“Estamos cansados de las constantes malas noticias que nos llegan a través de los medios. Por suerte, seguimos teniendo un lugar donde refugiarnos, un lugar donde divertirnos y donde ser responsables de nuestras propias reglas.

Con esta nueva campaña os invitamos a todos a disfrutar del hogar, a celebrar vuestra fiesta particular, sea como sea, una forma de rebelión contra lo mal que está todo.

Vamos a pasarlo bien, vamos a divertirnos. ¡Vamos a montar una fiesta en casa! ¡Viva la República Independiente de Mi Casa!”

Pensé que al mudarme todo quedaría allí, que aquí tendría un refugio… pero constantemente llegan malas noticias.

Si ayer protegí un post con contraseña porque discutir con mi madre no me parecía que mereciese ser de dominio público, hoy tengo que confesar que llevo dos días con dolor de cabeza, y creo que lo que se avecina es peor.

Mi abuelo, el que queda… está en el hospital. Ya le fallaban los pulmones, y el riñón empezó a quejarse. Ahora esta olvidando las cosas que hizo hace una hora y perdiendo la consciencia. Ya necesita estar con alguien en todo momento porque él solo se quita el oxigeno.

A la abuela la dieron un respiro de la quimioterapia para ver si recupera defensas y…

Bueno, eso. Que yo no tengo derecho a mi fiesta.

DSC05261-2

Protegido: Otra vez.

26, julio, 2011

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

Mi latino

21, julio, 2011

 

Cuando era pequeña y estábamos en casa de mi amiga G viendo videoclips [bueno, quizá no era tan pequeña, digámosle que era más adolescente de lo que soy ahora] cada vez que salía Marc Anthony, mi amiga decía:

“Mira Synn, el latino ese que te gusta.”

Me gustaba mucho su voz. Me sabía sus canciones de memoria, e hice que le gustase su música a todo el que podía [una, que puede llegar a ser muy pesada].

Con el tiempo me llegó a parecer guapo. Supe que era enfermizo cuando Marc me comenzó a recordar al novio de mi amiga [y por supuesto que no se lo dije ¿Creéis que estaba loca?].

Entonces decidí desengancharme y dejar de escucharlo. Creo que mi siguiente obsesión musical, en cuanto a voz se refiere fue Rob Thomas, pero esa es otra historia.

El caso es que por aquel entonces mi amiga, su novio y yo éramos muy amigos, íbamos a todas partes juntos, salíamos a jugar al baloncesto, a la discoteca light… [OMG, ¡¡Yo era una sujeta velas!!]. Quizá por eso la parejita feliz decidió buscarme un novio, amigo de él, por supuesto, y yo acepté la cita a ciegas, entre encantada, sorprendida y nerviosa.

Resultó que al amigo en cuestión le llamaban El perro, porque le gustaba llevar un collar de púas…

“Éste es mi amigo Perro, Synn . Perro, ésta es Synn. G y yo creemos que os gustáis y hacéis buena pareja, así que porqué no vais a dar una vuelta…”

Y nos fuimos a dar una vuelta. El chico tenía unos ojos preciosos. Intentó ser simpático. Pero imaginadme a mi, en plena crisis adolescente romanticona. Si Marc Anthony me parecía guapo solo por que tenía una voz preciosa…

Y me plantan a un tipo que hacía gorgoritos con la voz, llevaba su atuendo mas heavy, arrastraba los pies y tenía esos pelitos rubios repartidos por toda la cara… rubios y con pinta de pinchar. Que el tío se me acerca como con intención de darme un beso. Que yo me levanto como un resorte del banco en el que estamos y le tiendo una mano [Ese es otro trauma infantil de mi vida. Odiaba los besos. Y más los que me recuerdan a mis tías abuelas –esos besos que pinchan-  Siempre que puedo, doy la mano…].

“Encantada de conocerte… Perro, [hay que ver qué repipi he sido siempre] pero tengo que irme o voy a llegar tarde. Nos vemos, ¿eh majete?”

Y por supuesto que hice todo lo posible por no volverle a ver. Mi amiga G dice que él se quedó encantado y que preguntaba que cuando nos íbamos a volver a ver y que si le daba mi teléfono.

“Noooo.”

P.D. Ains, mi Marc.

¿Quién va a conformarse con Perro teniendo a Marc tan cerca? Es como resignarse a que el destino te atrape en el presente con toda su inevitable crueldad, tristeza y aplastante razón.

¡Luchemos!

¡¡NO AL CONFORMISMO!!

Lo uno, lo otro.

15, julio, 2011

 

Hace mucho que no me dejo caer por la capital. Antes prácticamente vivía allí [he de admitir que pasar allí una jornada laboral no es exactamente vivir, y que dormir dormía perfectamente tranquila en una casa de campo rodeada de grillos], pero eran catorce horas diarias de asfalto y oficinas.

Ir en metro fue sentirme en casa. Que la gente me preguntase cómo ir a un sitio fue genial. Y que allí me estuviese esperando Zana… mejor aún [no quiero escribir una entrada diciendo lo bien que lo pasé porque ella ya lo sabe, jejeje].

En Capital City no me siento tan gorda, ni tan tonta, ni tan torpe. Allí no me da vergüenza cruzarme con nadie que luego pueda murmurar. Estar allí es la sensación mas cercana a ser libre que conozco, sentirme individual y a la vez saber que nadie se fija demasiado en mi, que soy una más.

Claro que han cambiado cosas. Son dos años. Pero lo esencial sigue allí, igual que siempre.

Aquí, en PuebloMinúsculo, todo el mundo me conoce. Todo el mundo sabe que me he ido de casa, y todo el mundo murmura que éstos Kilitos de más son un embarazo, porque ¿Por qué si no iba a engordar? ¿Porqué sale a andar todas las noches?

Aquí nadie se preocupa que quizá tenga estrés y ansiedad por no trabajar. O porque mi abuela esté muriendo de cáncer. O porque todo a mi alrededor siempre son malas noticias [no puedo entrar en detalles familiares, hay cosas muy privadas] entre depresiones, enfermedades hereditarias y enfermedades sorpresa.

Simplemente soy una persona vaga, embarazada y huraña.

Pues no, señores. No estoy embarazada.  Soy una persona que llora casi todos los días, a la que todo le afecta y que solo encuentra satisfacción en comer. Se me cae el mundo encima cada vez que veo a alguien enfermo y no puedo hacer nada por cambiar lo inútil que me siento.

Al menos el otro día pude cambiar el chip, pasar un rato agradable y dejar de ser yo, para ser yo misma [con permiso].

 

Quería escribir una entrada sobre lo silenciosos que están mis vecinos últimamente.

Quería.

Mis vecinos de enfrente siempre habían sido muy ruidosos. Tienen un bebé de meses, y creedme, el bebé es lo que menos se oía. Tenían unas peleas terribles, de dar golpes a la pared, de amenazas, de muebles rotos… una vez subía las escaleras y me debieron oír, porque incluso pegaron golpes a la puerta de entrada. Lo confieso, me acojonaron.

Un día que dormí sola con las niñas, él se pasó la noche llorando en el balcón. Tuve que cerrar las ventanas y cocerme de calor porque no podía dormir con sus quejidos lastimosos.

Otro día me despertaron a las seis de la mañana discutiendo sobre ya no recuerdo qué… pero al final éstos vecinos se casaron, desaparecieron 15 días a saber dónde [si vosotros queréis preguntarles…] y ahora son todo risas y dulzura. A ver, me alegro, pero me parece raro y fuera de lo normal.

Mi vecino de arriba tiene épocas, de esas que a las tres de la mañana le da por cambiar los muebles de sitio, o de esas que a medio día pone el telediario a todo volumen [momento teniente dónde los haya] pero siempre está silencioso. Creo que le habré oído hablar un par de veces en seis meses. Lo peor es que cada uno estaba en su salón y él hablaba por teléfono, yo estaba viendo la tele. Ni siquiera discutía, sólo hablaba, pero a todo volumen. Ahora sólo le oigo cuando se hace el colacao por las mañanas [Éste patio tiene una acústica increíble, puedo oír la cucharilla chocando contra el vaso..].

Mi vecina de abajo acostumbraba a despertarme recorriendo la casa con tacones a las siete de la mañana [esa hora ya es bastante prudencial, no me quejo por eso]. Creo que es normal que revises que todas las persianas queden bajadas, los armarios y las puertas cerradas, los grifos que no goteen,  que des tres vueltas al cierre de seguridad de la puerta al salir, pero creo que es absolutamente innecesario hacer todo eso [menos el punto de cerrar la puerta] con tacones. Hubiese sido un detalle prescindir de ellos, pero no era tan terrible. Ahora vende el piso, así que no la vemos mucho.

Al otro lado de la calle tenemos un garaje en el que un grupo heavy practica viernes, sábados y domingos por la tarde. Bueno, no suenan mal del todo, me están empezando a hacer gracia.

Pero ahora… el vecino que tengo pared con pared [y que tiene la suerte loca de que no me cruzo con el nunca porque entra por otra calle] que ha decidido tocar la batería. Tocar no, aporrear. Disonante, arrítmico, tocapelotas… él ha inspirado el #comolopillelomato [si, no lo pensé antes de escribir] y me está inspirando uno nuevo, quizá un #tevoyameterlasbaquetasporelculoimbécil.

No me gusta ser radical, y creo que también tiene derecho a practicar… pero hay días que toca cada media hora, descansa media hora, vuelve a tocar… perdón, aporrear. Nueve de la mañana, tres de la tarde, cuatro de la tarde, seis de la tarde, once de la noche… el ruido infame se mete en mi cabeza y me golpea como un martillo. No le importa nada, le apetece y toca. Y a mi la pared me retumba. Me tiene loca, loca, loca.

Creo que voy a usar su buzón para ponerle una sugerencia, antes de que termine con mi paciencia: Que insonorice ese cuarto, por mi bien y por el suyo.

Desaparecer

9, julio, 2011

 

Escapar.

Irme y no volver,

desaparecer.

 

Acurrucarme entre las sombras

y que nadie me pueda ver.

Desvanecer.

 

Callar.

No llorar.

Fluir.

 

Volar.

Flotar en el aire.

No estar. No ser.

 

Desaparecer.