A raíz de un post de Zana, me he puesto a hacer memoria de mi vida útil en los balnearios. Y digo útil, aunque lo que haces allí es mas bien todo lo contrario, lo sé.

Recordando… ¡vaya, me salen unos cuantos!

El primero que visité fue con mis tías, en Madrid. Constaba de varias piscinas de diferentes temperaturas, una sauna turca, sala de descanso e incluso nos dieron un masaje. Me impresionó y dije que volvería… pero creo que de esto hace ya casi una década.

 

Es un lugar precioso y muy bien ambientado, bastante recomendable.

Luego pasaron los años, y los jefes de mi ex-empresa sacaron muchos beneficios de una de sus cosechas anuales, y nos invitaron a todos a esquiar. El primer día esquiando lo pasé tan mal que el segundo me quedé en el balneario, he hice bien. E incluso repetí mejor.

Pero eso no era un balneario, era una ciudad de agua. Laguna interior, exterior, jacuzzi, sauna… ir paseando de noche por una terraza llena de agua caliente, y con la nieve sobre tu cabeza, no tiene precio. Fue un momento mágico. Bueno dos, porque ya digo, repetí.

Y creía que había terminado, pero no recordaba que una vez fui con mi madre a unos baños naturales, pero que estaban bastante bien, con su caminito de piedras, sus paseo con duchas sorpresa de agua caliente y fría, su jacuzzi, su charquito de agua caliente…

Así que tres en vez de dos, y ahora Zana hizo que pudiese visitar uno más. ¡Qué genial! Ella ha escrito un reportaje tan bueno, que no merece la pena que yo describa el lugar.

¡Ahh! pero tengo una foto de la parte que más le gustó a ella:

No sé cuándo podré volver a visitar un balneario, creo que ya completé el cupo de toda una vida, porque además, no creo que vuelva a tener dinero para pagarme una sesión… así que nada, los recordaré con nostalgia.