Creo que no.

13, octubre, 2009

– ¿Te sorprende volver a verme? ¿O simplemente es miedo?

creo que no

– Creo que no. Nada que ver… Solo diré que no tengo esperanza.

Escrito con la frase de Yandros para Cuentacuentos. Inspirado en el trabajo de Austin Kleon, usando un artículo sobre Mika de prensa gratuita.

La enferma imaginaria

5, octubre, 2009

Puede parecer una obviedad que en este relato aparezca un médico. Quizá no lo es tanto que su desenlace sea el Gran Monstruo de Espaguetti Volador.

Supongo que todo en esta vida es casualidad. Una vez comí demasiado; me dolió tanto la tripa que decidí dejarlo y dedicarme a un pasatiempo más sano: la velocidad.

Fue ese mismo día, cuando Alberto Núñez, después de hacer un poquito la pelota a su jefe, salió a la calle y cruzó sin mirar. Realmente, decir que cruzó no es hacer honor a la verdad. Alberto Núñez, administrativo y pensador, puso un pié en la calle (a cinco metros del paso de peatones) y giró la cara y medio cuerpo para mirar un par de pechos que se encaminaban hacia el edificio del que él mismo salía. No estuvo girado mucho tiempo porque una espalda tapó ese par de pechos enseguida, y él, como a cámara lenta volvió a encauzar su cuerpo hacia la acera opuesta, en su dirección prefijada.

Para él fue mala suerte que fuese precisamente yo, quien después de un serio dilema entre lo prohibido y lo correcto, condujese la bicicleta de mi hermano pequeño. Aclaremos que quien iba sin frenos era el vehículo y quien sin sentido del equilibrio yo.

Eso nos llevó directos a ese pasillo de paredes blancas alicatadas de suelo a techo, olor antiséptico y muy poca salud contenida del que no tardamos mucho en salir. En realidad, Él sólo tenía la nariz rota, y yo un esguince fingido en la muñeca derecha y un par de peladuras en las rodillas. El médico ni nos miró.

 Para mí fue un comienzo.  

Alfonso Núñez, pese a una patológica fijación por los pechos  que no entiendo  y  a su manía congénita de hacer la pelota a todo el mundo, es un buen tipo. Gracias a él, ahora mismo estoy en la Puerta del Sol extendiendo una pancarta, con una ametralladora al hombro y me dispongo a limpiar los caminos del Gran Monstruo Espaguetti de cuantos espagnósticos y ateos me sea posible.

Nunca te dije

28, septiembre, 2009

*

Nunca te dije,

ángel mío,

que te quedaras.

*

Nunca te dije,

amor mío,

lo que sentía.

*

Nunca te hablé

de las noches sin luna,

de las tardes sin sonrisas,

de  lo  salada que es la tristeza.

*

Ya no sé si te fuiste tú o me marché yo.

*

La distancia se ha hecho una con el tiempo.

*

No recuerdo hace cuántos kilómetros que no te veo.

*

Ya no quiero recorrer los segundos que nos separan.

*

Nunca te dije

ángel mío,

amor mío,

que te olvidaría.

*

El viejo.

2, marzo, 2009

– … no sentirás nada, de eso puedes estar seguro. La muerte es así… un segundo ajena, al siguiente propia… y con un poco de pericia, de nuevo ajena.

A su espalda, en el hogar de una inmensa chimenea, un caldero negro comenzó a producir extraños sonidos.

– No lo entiendo -Respondió Mario.- La parte en la que muero…

– ¡Pero no hay nada que entender! ¡Sólo confía!

El viejo druída apartó la vista de su interlocutor, y con un palo de madera comenzó a girar el líquido púrpura que ya burbujeaba en el caldero.

– Hay sólo dos soluciones a tu problema. -Continuó- La más sencilla es no hacer nada. El resultado ya lo sabes y no te convence, por eso estás aquí. 

El druida hizo una larga pausa, en la que solo se escuchó la ebullición del líquido púrpura. 

– La otra solución… es ponerte en mis manos, y no preguntar.

– Pero…

– Créeme, no sentirás nada.

– ¿Moriré?

– No morirás, tú vivirás.

– Pero todo eso que me ha contado sobre la muerte…

– La muerte existe, te salpicará, pero será la muerte de otro. Tú vivirás, para eso está él, por eso fue creado.

– ¿Él? ¿Quién?

– No preguntarás y no buscarás respuestas, porque si consigues saber más, la muerte ya no te será ajena y ocuparás su lugar.

– Es el muchacho del parque, ¿verdad? – respondió Mario – El de mis sueños…

– Escúchame bien: No lo es. Olvida ese sueño. Eres tú. No habrá nadie más.

 

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Otras historias en:

El cuentacuentos

Wise Princess

13, noviembre, 2008

Y como regalo la frase de cuentacuentos de la semana
(¿Puedes creer que lo tengo escrito desde hace días?
*
*

Uno puede enloquecer a fuerza de hacerse una y otra vez preguntas que no tienen respuesta. – Había dicho Ozo Pardo, como colofón a una de sus interminables clases de historia.

Como Eduardo Azul, y Cristina Encantada no dijeron nada, carraspeó.

– Estaba esperando un aplauso -dijo con fiereza.

Cristina Encantada, a penas parpadeó. Siguió dibujando en su pergamino corazones flechados y sapos envenenados.

Eduardo Azul suspiró.

– Pero si nadie sabe la respuesta, con inventarla ya está. No tiene sentido volverse loco.

Ozo Pardo sonrió.

– ¡Uno no puede andar inventando respuestas! ¡El mundo sería un caos!

– ¿Ni el Brujo Nerlín? – Eduardo miró a Ozo con los ojos muy abiertos, sin pestañear.

– Bueno, Nerlín usa la física, la mézcla con la química, y puede cambiar según que leyes de la naturaleza, pero ni él puede inventar respuestas.

– ¿Y… Padre?

No quería repetir.

4, noviembre, 2008

Las cosas no van muy bien, aunque no directamente para mí, pero me entristece lo que ocurre a mi alrededor. Sé que la depresión es algo terrible, y no puedo imaginar qué pasa por su cabeza. No pensaba publicar ésto, quizá lo borre en un par de días, pero lo tenía dentro, y no quiero que siga ahí. Me gustaría ayudar, pero siento que no me escucha…

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No quería repetir, pero un hilo de sangre ya le caía por la comisura de los ojos. No podía seguir llorando.

– ¡Te odio, te odio, te odio! -respiró- ¡¡Te odio!!

No había torturador, pero sí víctima.

Aitana se acurrucó en su cama y se sumió en un gris verdoso duermevela lleno de turbulencias.

Despertó cuando en su sueño sus pies dejaron de pisar la banqueta de madera y su cuerpo quedó suspendido por la soga que le abrazaba ásperamente el cuello. Incorporándose bruscamente en la cama palpó el lugar dónde debía estar aquél sórdido collar. Intentó hablar, y de su garganta salió un gruñido.

Poco a poco empezó a tomar conciencia de su habitación.

Le dolía todo el cuerpo. Eso no era una novedad.

Hacía una hora que él había vuelto a golpear la puerta de la habitación. Esta vez él no había gritado, ni insultado, ni ordenado… le había pedido, quizá con un leve temblor en la voz, que saliese del cuarto.

– ¡Déjame! ¡¡No voy a salir nunca!!

Llevaba casi dos días sin salir de allí. Había llorado sobre la cama, sobre la alfombra, y entre las ropas que había sacado del armario y esparcido por todas partes.

Había bajado la persiana, por si a él se le ocurría subirse a una escalera y espiar su desesperación.

Volvió a tumbarse en la cama, sin ganas de nada.

– Aitana, sal, por favor… -dijo una voz desesperada.

– ¡¡Noooo!! ¡¡Es tu culpa!! 

– ¡Aitana! -él estaba muy asustado, y ella lo notaba aún sin verle- Todo está en tu cabeza, tienes que pasar página…

 ¡Te odio, te odio, te odio! -gruñó- ¡¡TE ODIO!!

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Con una frase de El Cuentacuentos.

Dos extraños

19, septiembre, 2008

Siempre soñé con convertirme en una parte de tí. Tus gafas por ejemplo. Viajar a tu lado pegada a tu nariz, viendo lo que tu miras…

Estar cerca de tus suspiros, notar el rubor de tus mejillas y apoderarme de tu esencia desde un lugar privilegiado.

Estar junto a tí, sí…

Estando tan pegada a ti seguirías sin notar mi presencia, pero por las noches me cogerías entre tus manos, y con una caricia repasarías mis curvas, me darías tu aliento… estaríamos por unos intantes siendo cómplices de un momento sólo nuestro, disfrutándo de nuestra cercanía… y luego me dejarías en la mesilla, junto a tu cama, para que vigile tus sueños.

Y no seríamos dos extraños…

Post original, 11 de Septiembre de 2006.

¿Puedes creer que me pongo a leer cosas que escribí hace tiempo, y me entretienen igual que si las estuviese leyendo por primera vez?

Creo que es porque en el fondo son una parte de mi que necesita continuación, y me engancha… ¡Qué egolatra soy!

De todas formas no consigo hacer algo lo suficientemente largo…