Es extraño.

18, septiembre, 2012

Ayer tuve uno de ésos días extraños en los que desde el mismo instante en que te levantas, sabes que no harás nada de lo que tenías planeado.

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Al final terminé subida en un autobús, maldiciendo la resaca de las fiestas [porque sí, éste fin de semana fueron las Fiestas del Rosario y volví a los excesos gastronómicos…] pero muy tranquila pese a todo. Era mi conductor favorito, no había casi nadie y por supuesto, no se notaba la Huelga de Transportes porque era un horario más que prudencial.

Después de mi viaje de hora y media hice las gestiones oportunas y me sobró tiempo para sentarme a leer en un parque de Capital City [tengo que admitirlo, hice tiempo a propósito para comer con mi compañero de piso y no me apetecía nada andar].

El libro tiene un comienzo lento y pesado, y no estoy de acuerdo con nada de lo que dice, pero era lo único que había, así que usé las hojas en blanco para escribir lo que pensaba y resumir mi vida hasta el momento, tal y como hacía hace años. Sé que muchos pensaréis que es estropear un libro, pero yo nunca me he podido resistir a una página en blanco a no ser que el libro fuese realmente absorbente, y no era el caso.

Como contaba, estaba yo resumiendo lo que me había llevado hasta ése punto en concreto de la geografía española, cuando de reojo veo lo que parece la silueta de un ex-compañero. Lo veía andando como a cámara lenta, paso a paso, acercándose.

Rápidamente me dije: “Piénsa, ¿vivía Fulano por aquí?

Pero como soy realmente lenta pensado, cuando llegué a la conclusión de que era posible, Fulano ya se alejaba cuesta arriba [dije que soy lenta] y realmente no me apetecía nada ir detrás para condicionarme, así que lo dejé pasar.

Es curioso como a veces olvidamos cosas, lugares o personas y éstas aparecen de la nada [para esfumarse de la misma manera].

Es fastidioso como algo tan sencillo como un viaje de ida y vuelta, con un menú del día puede hacerte gastar 22€ de tu maltrecha economía. 32€ contando con el menú del compañero.

Es irónico como al volver a casa, me sentí feliz y llena de energía.

 

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Ha punto he estado de comprármelo. De no ser porque tengo otras prioridades para mi asignación mensual, habría caído.

Muchas veces me pregunto para que sirve un cuñao. Sobre todo cuando te pasas las fiestas pagandole todo, y luego se te presenta con un regalo.
Que me ha comprado una camiseta dice.

Yo creo que o es un regalo encubierto para su hermano, o piensa venir algún día sin muda, o no se ha enterado de lo cursi que soy yo.

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Es una XL Negra de hombre pero vamos
Yo de momento se la he calzado al sofá nuevo que me tocó en facebook y que con éstos calores se pega al cuerpo a base de bien.

Visitas inesperadas

6, diciembre, 2011

Sábado, seis de la tarde. Estoy en casa, con mocos, dolor de cabeza y los ojos escociéndome. [¡Ahí es cuando debí verlo y prepararme! nada bueno podía pasar]. Mi chico en pijama, con dos mantas, tirado en el sofá haciendo zapping. Yo haciendo bolas de navidad, por hacer algo. El salón hecho un desastre, por supuesto.

Riiiiiiiing. – Telefonillo.
¿Si? – Yo, confusa.
Soy Fulano – Telefonillo.
Ahh… aaghh – Yo, pulsando para abrir la puerta.

Y llega Fulano, con mujer e hijos, sube y pasa.  De nada le sirve que le diga lo enferma Y CONTAGIOSA que estoy, y ver a mi chico también en pijama. Se sienta en el sofá.

Si solo es un momento – Dice Fulano.
¿Quieres una cerveza? – Dice mi chico AAAAAAahhhh, craso error. Ofrecer una cerveza a una visita sorpresa es invitarla a quedarse.
¡Claro hombre! – Responde Fulano, al tiempo que se recuesta en el sofá y busca el canal de deportes en la tele.

Lo siguiente que recuerdo son dos interminables horas de mi misma sorbiéndome los mocos, de fulano gritando lo hijoputas que son sus jefes, de la tele con un partido de baloncesto que nadie veía, de el hijo gritando lo mucho que se aburría, de la hija tocándolo todo, de la mujer sudando tinta, pero sin quitarse el abrigo…

Y cuando al fin Fulano recuerda que tiene el coche aparcado en línea amarilla, y que se tiene que ir, el hijo ve la Wii y se la enseña a su padre.

¿Quieres que nos quedemos a jugar? ¿A ver qué juegos tienes? – dice fulano.

¡¡¡DIOOOOOOS!!!

Tenemos que arreglarnos nosotros para visitar a un enfermo. – Respondo tras el susto inicial.
– ¿Quién qué le pasa? – Pregunta fulano.

[¿¡No hay forma de quitarse a éste tipo de encima!?]

Y entonces tuve que explicarle los problemas ginecológicos de mi cuñada, que por otra parte, no le interesan y le dieron un poco de asco, por la cara que puso.

*

Se fueron.

A mi me quedó mala conciencia, por no tener la casa limpia y por no haberles invitado a cenar. Pero… ¿y lo a gusto que me quedé cuando se fueron?.

 Últimamente sólo tengo visitas el los peores momentos. No me gustan las visitas sorpresa que no se quieren ir.

Respira, 1, 2, 3…

29, agosto, 2011

 

¿Os acordáis de un tipo que dije que había cambiado? Pues me equivocaba. Sigue siendo machista, manipulador y un cabronazo de cuidado.

Ahora creo que todo eso de parecer una persona nueva era una estrategia, porque no se atrevía a ir a una agencia de viajes y planear unas vacaciones.

[Y porque es un inútil que necesitaba que le ayudasen con la puesta a punto del coche…]

¿Se nota que me tiene contenta?

Lo primero de todo fue que él ponía el coche, y pagábamos la gasolina a medias. Bien [Al final terminamos pagándola toda nosotros]. En el momento en el que subimos al coche deja de ser amable y empieza a exigir. Que si consume mas de lo que había planeado, que si hay que ponerle más al depósito, que si hay que parar muchas veces para que él estire las piernas, que si salimos por la noche para que no le entre el sueño [es una persona que ODIA madrugar]. En fin, que vale a todo.

Cada hora vamos parando. Vamos cabeceando todos. Y digo todos, porque en una de éstas dice que lo que quería era fumar, pero pegó un volantazo que vimos el quitamiedos a un palmo. Yo estoy en que se durmió. Ahí comenzó a ponerse de mala hostia. Cogió el bolso de su mujer y se lo tiró a la cara, y comenzó a insultarla porque ella no le había preparado el cigarro y había tenido que preparárselo él, y por eso casi se sale de la autovía. [A todo esto hago un inciso, de los cuatro que íbamos en el coche ninguno fuma y uno es un niño. íbamos todos asfixiados porque no nos dejaba bajar la ventanilla y él es una chimenea]. Luego empezó a decirnos que la culpa la teníamos nosotros por dormirnos y no estar atentos a la carretera, que estaba en juego nuestra vida [O_o].

A partir de ahí fue un quejarse por todo. Que si él no quería meterse en el peaje, que porqué no le habíamos avisado. Que no llevaba suelto para el peaje, que si mecaguiendios… y luego llega a el hotel. Que si valla mierda, que si que lejos, que si la comida está malísima, que si mi almohada está muy dura, que si mi aire acondicionado no funciona…

Y todo esto es hablando en general, porque luego está cuando la tomó conmigo, pero eso ya es tema para otro post.

El tío no salía del hotel ni a tiros, y mira que no le gustaba. Al principio su mujer y su hijo venían con nosotros a la piscina, o a pasear por las noches… y luego les dijo que las vacaciones eran para pasar en familia, y que ellos tenían que ir donde él fuese.

Cada vez que él salía había que hacer lo que a él le apetecía, variando de si su humor era bueno o malo pero en el fondo siempre igual. Creo que tiene complejo de patriarca. Su hermano dice que son celos de todo lo que le rodea. No había día que no discutiese con alguien, conocido o desconocido, pero en fin.

Lo mejor pasó al volver. A parte de que tenía el gracioso subido e iba pegando volantazos para hacerse el machote y riéndose, y de estar todo el rato preguntando si íbamos bien por esa carretera [tenía miedo de meterse en un peaje otra vez –el muy inútil-], cuando llegamos me quería dejar en la gasolinera, en medio de la autovía y a… digamos, unos kilómetros de casa, porque él quería irse de cumpleaños y no quería pasar por el pueblo.

Nos quedamos todos a cuadros, mi chico, su mujer y yo, pero ya me tenía hasta los mismísimos y yo lo que quería era bajarme y no volver a ver su cabezota en una buena temporada. Convencí a mi chico para que se fuera con ellos al cumpleaños, y con las maletas, y a mi me dejaron relativamente cerca de casa de mi madre.

Con todo esto, no me gusta criticar, pero éste tipo me puede. Siento la chapa del post, pero tenía mucha rabia acumulada. 

Si alguna vez vuelvo a creer que ha cambiado, o intento llevarme bien con él, por favor, no me matéis, pero dadme un buen cogotazo.

Y por supuesto, no me dejéis que vuelva a fastidiarme las vacaciones yendo con él a ningún sitio.

De miradas.

16, marzo, 2009

A veces cuando miro a los ojos a alguien, su mirada se me queda grabada, y aún con los ojos abiertos y la persona bien lejos, puedo ver esa expresión que en su momento me sorprendió.

Hoy he visto unos ojos, que me han recordado a alguien que hace tiempo no veo. Alguien tan triste…

Depredator

22, octubre, 2008

Esta es la historia de cómo caí en las garras de el más feroz de todos los seres de la fauna ibérica: Depredator Máximus.
Hasta el momento el Depredator Máximus había sido amigo mío. Yo había pasado de ser perseguida por él en su más diabólica niñez a ser su confidente.

Mi depredator lo tenía todo para ser vistoso: moreno intenso (tanto piel como cabello), buena altura, abdomen de tablita de chocolate… el mejor en todo aquello que se proponía (desde química a educación física).

Por no hablar de su familia. Eran todos perfectos, desde su hermana, cariñosa, agradable (e incluso miss de las fiestas), su madre, ama de casa que empleaba su tiempo libre (bastante) en hacer cursillos de todo tipo, su padre, el ingeniero (por cierto, también muy atractivo).

En fin, tanto el Depredator Máximus, como su entorno parecían creados cuidadosamente para agradar.

Llegados a este punto de la narración he de aclarar que los hábitos alimenticios de Depredator eran ‘todo lo que nada, corre o vuela, para la cazuela’. Eso incluía rubias, morenas, pelirrojas, altas, bajitas… aunque no siempre fue así. En un principio se dedicaba sólo a las morenas.

Como ya dije, tras mi rechazo inicial, nos hicimos muy amigos. Quedábamos por las tardes para jugar tenis, escuchar música, o simplemente hablar.

El tenía la capacidad de poder hablar durante horas de cualquier cosa. Como buena cotilla que soy, siempre lograba arrancarle alguna anécdota de su última presa, con lo que llegué a conocerle bastante.

Mas de una de sus andanzas sonaba a fantasmada, pero ¿quién no ha exagerado alguna vez?

Una tarde llegué a su casa cuando estaba duchándose, y me quedé en el salón hablando con su hermana para esperarle. Depredator Máximus salió al salón con una pequeñísima toalla alrededor de su cintura, y con gotas de agua aún en la piel.

Aquella visión me produjo tremendo shock, aunque he de confesar que ya le había visto descamisado otras veces; Aquella tarde fue todo bastante confuso, porque a mi dejaron de fluirme las palabras, y a parte de tonterías sólo decía monosílabos y sonreía como idiota…

Al día siguiente estuvimos escuchando música. Casi al final de la tarde me dijo que tenía que contarme un sueño. Salimos al jardín, y nos sentamos en unas jardineras.

Él me miró a los ojos y me dijo que había soñado que me besaba. Y quería hacer su sueño realidad…

El momento en sí fue mágico. Su olor, y la temperatura que desprendía su cuerpo al acercarse a mi. La situación era de lo más bonita, el atardecer, las flores rodeándonos…

Siempre guardaré ese instante en mi memoria.

El hechizo se rompió en el momento en que sus labios rozaron los míos. No sentí nada. El hormigueo desapareció, no hubo fuegos artificiales y todo se llenó de un extraño silencio. Recordé que él era Depredator Máximus, y yo, su amiga, me había convertido en una presa mas.

Furia

4, septiembre, 2008

Hoy me pasaron una notita con un poema y una dedicatoria y me dio tal frustración que la arrugué y la tiré a una papelera.

No recuerdo que ponía pero hablaba de mis ojos y mis labios… y de simpatía e iluminación.

También ponía un número de teléfono y un ruego.

No soy una persona directa, así que mañana tomaré otro autobús en el que no valla él, y con un poco de suerte no tengo que volver a cruzármele…

No entiendo porqué si eres simpática, creen que pueden conseguir algo más. ¡Me ofende el jueguecito de pretender que por darte los buenos días y sonreírte ya tengo que sentir algo por ti!

No me gusta que me digan que sueñan conmigo, o que les pareció verme en un lugar lejano y lleno de gente. No me gusta que presupongan lo que pienso ¡si ni siquera saben nada de mí! ¡¡Pero si yo nunca hablo!!

¡¡Estoy tan furiosa!! ¡¡Una ya no puede ir a trabajar tranquila sin que un baboso se te quede mirando y creyéndose importante!!