Vida escolar.

11, septiembre, 2012

Por éstas fechas, cada año, se inauguraba el curso escolar [Y sigue siendo así, pero yo ya no tengo nada que ver con el tema, gracias al cielo que me ha dado un respiro].

Y como comienzos de curso horribles recuerdo el del instituto.
El primer día los mayores nos pintaron a rotulador una L en la frente y nos persiguieron con jarras de agua y otras cosas que prefiero no recordar [mencionaré grasa de caballo porque aún recuerdo su olor]. Pero al menos ése día estaba con mi amiga Patri.

Al día siguiente me encontré sola en una clase de 30 personas que no conocía y de las que la mitad eran repetidores [Si, ésos que nos habían perseguido] y/o salvajes de otros pueblos.  Supongo que también influiría el cambiar de un colegio concertado a un instituto público y que mis mejores amigas repitieran curso a su vez y no cambiasen de colegio.

Mis únicos amigos resultaron ser un niño que nació un día después que yo en el mismo hospital y una macarrilla dos años mayor a la que le encantaba que le diese masajes en la espalda y que alucinaba con que yo me supiese las letras de las canciones de Los Héroespero ésa es otra historia. Los mejores días de ése año los pasé en clase de tecnología con un profesor maravilloso.

Ése año de instituto fue una auténtica perdida de tiempo en todos los sentidos.

Fue el peor Volver a empezar que recuerdo.

Al año siguiente cambié de optativas, por supuesto.

Anuncios

Cuando Mayo Marcea…

21, mayo, 2012

Hace un año que estaba tan viciada con postcrossing, que todas las fotos que hacía con mi súper cámara nueva me parecían postales perfectas. Ésta la he usado un par de veces.

Sí, la niña está difuminada a propósito.

El burro no me pidió derechos de imagen.

No se hirió a ningún burro durante éste reportaje.

*

También hace un año que me llegó mi primera postal sin sello, o al menos una de las primeras:

Y que uno de mis plantones de guisante asomó sus verdes hojas al mundo.

Creo que la planta de guisantes fue una de las pocas que sobrevivió. Los tomates y los pimientos murireron antes de dar frutos porque ya hacía calor y en mi emplazamiento para el macetohuerto hace un solano tremendo día sí, día también.

Y hoy… hoy no he hecho ninguna foto aún. Los días son más tranquilos y la cámara me pesa demasiado para llevarla a todas partes, así que me pierdo un montón de futuras postales. Eso sí, el móvil no hace malas fotos y no salgo de casa sin él, por si acaso.

Estoy pensando dónde puedo robar un puñado de tierra, para que las semillas de guisante que recogí el año pasado empiecen a agarrar, que no me fío mucho de mí y creo que no germinarán. La idea es pedir prestado un puñado de tierra y ponerlo en un yogur. Cuando la planta se seque, que lo hará… pues devolverlo si veo que tal. El problema es que a mí eso de la vergüenza me puede. Si.

P.d. Todo ésto de ponerme nostálgica es para olvidarme de la realidad de un niño que lleva dos semanas en el hospital, pobre angelito, y que tiene muy mala pinta lo suyo. Ayer tuve un ataque de llanto cuando terminamos de inflar los globos y no quiero ponerme a pensarlo mucho, la verdad.

Nieve

20, enero, 2012

Uno de los primeros recuerdos que tengo en el piso, de estar aquí ya viviendo, es que mi chico me despertó muy tempranito, cuando él salía a trabajar, para decirme que estaba nevando.

Me encanta ver la nieve caer.

Source: livelaughblackandwhite.tumblr.com via Andrea on Pinterest

 

Y casi hace un año ya que estoy en el piso, me estoy poniendo melancólica por segundos.

Pero no nieva… de momento.

Quiero…

14, noviembre, 2011

 

¡Quiero volver a mi vida de antes!

A mis rutinas de madrugar, trabajar, dormir.

A mis programas de radio.

A mis horas diarias de autobús, aprovechadas leyendo, escuchando, hablando.

A mis fines de semana agotadores, para los que necesitaba SIEMPRE un lunes relajado.

A las caras apretadas en el metro.

A tener dinero en la cartilla.

A los desayunos de café y galletas con anécdotas de la vida de otros.

A las siestas sobre el teclado.

Al estrés de los viernes.

A mi frase del cuentacuentos de los martes y a mi dibujo del Illustration Friday de los viernes. Y por qué no, A Las Cinco del Viernes.

A la tranquilidad de mi vida cómoda de siempre.

A correr para no perder el último autobús.

Olvidando sonidos.

8, noviembre, 2011

 

Cuando era pequeña, tuve la suerte de conocer a mis bisabuelos. Al menos a dos de ellos, los abuelos de mi padre.

Cierro los ojos y los puedo ver nítidamente. Recuerdo su casa, aunque no sus voces. No muy bien desde luego.

Y me he parado a pensar, que he olvidado las voces de todos mis difuntos, excepto quizá la voz de mi abuelo, cuando me quería quitar la ‘garrapata’ –mi lunar- o la voz de aquél chico de mi colegio que hace unos años murió en un accidente de tráfico.

¿Por qué he olvidado las otras voces? Hasta ahora había tenido una memoria muy sonora, podía conocer a alguien por el sonido de sus pasos, pero… ahora tengo que hacer verdaderos esfuerzos por recordar tan sólo una palabra con esos timbres de voz. ¡Qué mal!

Dolor.

15, septiembre, 2011

 

No me gusta escribir sólo en los malos momentos, porque no reflejan del todo lo que yo soy. Lo que pasa es que en los buenos momentos estoy tan entretenida que no recuerdo querer escribir.

Anoche estaba llena de tristeza. Toda yo.

Odio la muerte y no es algo que esconda. Por ejemplo, no quise ver a mi abuelo en el tanatorio cuando ya estaba muerto. No quería que mi último recuerdo de él fuese ese… y no me importó que se me reprochase que no me hubiese despedido. Ya he tenido buena ración de muertos por una temporada, y a mi abuelo quiero recordarle como siempre que lo veía, sonriéndome.

En fin, que digo yo, la muerte… la muerte no está sólo en las personas que dejan de respirar. La muerte está en todos nosotros. Me ha entrado la extraña obsesión de observar, y observar no es nada bueno.

Tampoco es buena ésta dichosa empatía que tengo, y que intento dejar escondida en mi no fijándome en detalles, no analizando, no pensando… ¡pero he vuelto a caer!

¡¡Dioooos!! ¡¡Es insoportable!! Me duelen los oídos y la cabeza, ¡¡no puedo contener las lágrimas!! Estoy terriblemente triste.

Observo cómo pasa el tiempo por la gente que quiero, cómo les castiga la vida, sus problemas, su tristeza… y me hundo.

…Cerré los ojos para ver

que quizá no sufro por ellos…

¿es acaso por mi?

 

¡Maldita hipocondría!

Suavemente.

13, septiembre, 2011

 

Suavemente, bésame,

que quiero sentir tus labios

besándome otra vez.

Aunque lo parezca, ésta no es una historia romántica, es simplemente un recuerdo.

Era el segundo día de vacaciones de fin de curso. Debía ser un viernes por la noche, o incluso un sábado. Estábamos en la Granada de hace una década o quizá un poco menos… Yo estaba mirando videos en la habitación del hotel. A mi lado, mi amiga P. dormía, entre delirios por la fiebre.

Sí, todos los compañeros habían salido de marcha, igual que los profesores y estábamos las dos solas. No recuerdo por qué insistí en quedarme con P. No podía dejarla sola tan lejos de casa y en ese estado. Me perdí por completo lo que llamaban ruta de tapeo.

No importaba que el chico que me gustaba estuviese de fiesta, seguramente ligando con alguien… ni que horas antes le hubiese dejado mi ropa para salir a S. Sólo recuerdo esa sensación de aburrimiento, mezclada con una gran cantidad de sueño, que se me quedó grabada, y que me viene a la cabeza  al escuchar a Elvis Crespo cantando en ése videoclip.

Lo  que no entiendo es la extraña sensación de culpa que tengo al recordar esos momentos del fin de curso. ¿Realmente cuidaba de P. o me cuidaba a mi?.